OLGA TRUJILLO

Todavía me sigo preguntando qué me inspira para hacer Diosas Olímpicas. Si es porque crecí en una casa con seis hermanas, dos hermanos y una madre que enviudó a la edad de 32 años y ocho hijos que atender, podría ser que encuentre una primera explicación. El drama, el peligro y el desasosiego en lo que eso derivó fueron una constante durante algunos años. Pum, pum, pum, con una familia tan grande los sucesos a veces no me dejaban dormir.

El miedo vivió en mi estómago como una tripa más. Pero afortunadamente comí basquetbol. Un profesor de educación física, del cual no recuerdo el nombre pero que me daba clase en la Preparatoria Nacional Número 2, me veía jugar basquetbol y un día me dijo: “Tienes que venir mañana a las canchas de la escuela, preguntas por la entrenadora de basquetbol, es cubana, le dices que quieres entrenar y que yo te mandé”. No fui. Mi mamá no me daba permiso, pensé. Al siguiente día me volvió a decir lo mismo, pero agregó: “Y si no vas, te repruebo”. Le hice caso.

La profesora me aceptó sin lío, pero me pidió que el primer día solo entrenara la mitad de la clase para que me adaptara. A mí me encantó, ya antes en la secundaria y en la primaria había practicado un poco, pero siempre librando los permisos de mi mamá que, de estar tan ocupada, le pedía a alguna de mis hermanas me acompañara.

Regresé a la práctica, se volvió un vicio. Los permisos se acabaron y empezaron los regaños. Mi mamá hubiera preferido que yo me quedara en la casa a “gastar mis energías trapeando” en vez de irlas a quemar jugando basquetbol y me lo decía enojada. Yo también me molestaba con ella…

1961, EL DEPORTE DE MAMÁ

Hace no mucho le pregunté a mi mamá que si alguna vez en su vida jugó algún deporte. Por un momento pensé que no, pues ella también se casó joven, a los 16 años. Pero yo estaba equivocada, la pelota también le regaló infancia.

Ella me platicó que cuando tenía 11 años solía salir a jugar beisbol con sus amigas:

“Yo me acuerdo que le atinaba” (a pegarle a la pelota), dice mi mamá. “A veces agarraba la bicicleta de mi hermano porque quería aprender a manejarla para darme una vuelta, pero mi papá enseguida me decía ‘deja eso, es para los hombres’, así que nunca supe andar en ella” y cuando jugaba beisbol “estábamos a gusto bateando y mi mamá salía y empezaba ‘para adentro, ya les dije que ustedes no pueden jugar eso’ y se quedaba parada esperando hasta que le hiciéramos caso”. Era San Francisco del Rincón Guanajuato, 1961, y en febrero de ese año se celebró por primera vez el Día de La Mujer Mexicana. Ironías de la vida.

DIOSAS OLÍMPICAS

Decidí estudiar Ciencias de la Comunicación en la UNAM porque ahí me llevó mi inquietud por usar las palabras. Pronto pude pertenecer al equipo de las Pumas de la UNAM y también jugar en distintos torneos distritales, regionales y una Universiada Nacional. Hasta hoy, considero que mi amor por el deporte me amplió varias perspectivas:

Por un lado, mi opuesta creencia ante el significado de mi rol dentro de la familia (casarme joven ser ama de casa, tener hijos), me permitió acceder a una nueva idea respecto a mi entorno social. No sólo descubrí que tenía derechos, sino que podía hacer valer mis capacidades. Por el otro, en la búsqueda de una nueva forma de expresión de mi identidad, logré romper con el patrón de una familia tradicionalista y a realizar actividades heterogéneas, gracias a lo cual amplié aún más mi transformación como mujer.

Años más tarde, mi experiencia como periodista deportiva –primero como fundadora y jefa de información de la revista Puro Basketball y luego como reportera en el periódico deportivo Récord así como de colaboradora en otro medios– me permitió darme cuenta de la escasa información documentada que existe acerca de la mujer y su incursión en el deporte en México, así como de las distintas barreras que enfrenta día a día en los espacios que se ganan en los medios de comunicación.  

Fue por eso que en verano del 2012 concebí Diosas Olímpicas. Con mi hija Olympia en brazos y Bruno ya de la mano, llevaba una larga pausa de no escribir en los medios, pero no sólo Olympia usaba pañales, también las redes sociales. Desde ahí me dediqué a escudriñar lo que se decía sobre la mujer dentro del deporte, no mucho. Encontré la misma respuesta de lo que viví como reportera en el periódico. La mujer en el deporte seguía casi invisible. Jugué con el nombre de Diosas, diosas griegas, Olympia y los Olímpicos. Y comencé a escribir.

Un día asistí a una conferencia sobre futbol y género organizada por la doctora en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Claudia Pedraza; ahí la conocí, le platiqué de Diosas, le dije que me gustaba su trabajo y luego de algunas charlas, aceptó darme sus puntos de vista y aportar con su gran labor para hacer visible a la mujer en el deporte.

Otro día asistí a un evento en el COM y me reencontré con Cristina Herrera, con quien años antes compartí la redacción del diario deportivo Récord. Ella estaba trabajando en periódico El Economista y había cubierto unos Juegos Olímpicos. Platicamos sobre el mutuo interés en el tema y poco después se entregó a la disciplina de publicar con nosotras un tema especial cada martes.

En otra ocasión, en la UAM, proyectaron la película sobre mujer y deporte “Más Vale Maña que Fuerza”, fui por mera curiosidad y ahí me crucé con Kateren Maya, de La Jornada, quien está a punto de terminar su tesis sobre la historia del boxeo femenil y con quien ya pactamos un acuerdo para que integre al club.

Diosas Olímpicas ha recorrido cinco años de existencia. Aquí, las que hemos participado, hemos dejado constancia de nuestro interés por promover el deporte femenino, por buscar sembrar semillas de cambio y, por tanto, hacer visible a la mujer dentro de uno de los tantos ámbitos dominados por hombres.

Trabajamos bajo el lema ‘Mujeres que abren caminos’ pues es un hecho que, desde cualquier campo de trabajo, ya sea como atletas, entrenadoras, managers, juezas, psicólogas, médicas o mujeres con cargos institucionales, todas aportan para cerrar la brecha de género en la información deportiva.
La mayoría de ellas han manifestado haberse enfrentado a situaciones que de fondo tienen que ver con una sola raíz: los prejuicios de género. Lo he escuchado una y otra vez en las entrevistas. Y lo viví.

Por eso es importante señalarlas como gente que abre camino, que reflejan una pluralidad de roles a partir de la ruptura de estereotipos y que a su vez enseñan distintas perspectivas y oportunidades para las nuevas generaciones.

En este sitio siempre encontrarán historias de pioneras, de las que hacen frente a adversidades para llegar a lo más alto, las que rompen marcas, logran sitios a donde ninguna había llegado o bien, de aquellas que hacen pública su identidad sexual, por ejemplo.

Nuestro objetivo al contar sus historias es simplemente conectar puntos para mover el discurso desde la simpatía a la empatía con ellas, nos es muy importante que, con base en sus experiencias se puedan dibujar paralelismos de experiencias de género dentro y fuera del campo de juego y así aumentar la conciencia sobre su lucha.

Es por eso que no solo hablamos de las mujeres mexicanas, también de cualquier parte del mundo. Firmemente considero que si construimos solidaridad y apoyo respecto al tema a través de las fronteras juntas podremos no solo emanciparnos, sino demostrar cómo estas barreras a las que nos enfrentamos como mujeres se pueden manifestar de distintas formas y que, por lo tanto, nuestras seguidoras sabrán que desde aquí podemos construir oportunidades de diálogo y defensa.

No debemos olvidar que una de las principales barreras que impiden una mayor proyección social del deporte practicado por mujeres es el hecho de que la mayor parte de las personas que trabajan en los medios deportivos son hombres, lo que afecta no solo a la hora de tomar decisiones editoriales sino también al momento de contratar presentadoras, comentaristas o redactoras, quienes aún deben demostrar que “saben” de deportes; la mayoría reproduce la lógica de que las mujeres somos esos seres necios que quieren apropiarse de algo que les pertenece. Lo he visto y escuchado también como profesora de la Licenciatura de Periodismo Deportivo durante las clases que imparto sobre la Mujer en el Periodismo y La Mujer en el Deporte.

Gracias a Diosas Olímpicas es como pude estar presente en actividades formativas y solidarias de otros países, como los festivales organizados por la fundación alemana Discover Football que, primero en Brasil y luego en Berlín, sirvieron para estrechar lazos solidarios con otras plataformas femeninas con las que compartimos las mismas inquietudes.

El camino es aún muy largo y este es solo el inicio. Queremos continuar con nuestra campaña ‘Ganando Terreno’, así como con nuevos planes y propuestas para lograr influir aún más sobre todo en el público mexicano, al que muchas veces no logramos descifrar.

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