SUEÑOS ARREBATADOS

Acariciar el sueño

Inicia el nuevo milenio, corre el año 2003 y una niña mexicana con notable talento para el futbol tiene el sueño de convertirse en profesional, pero el futuro no se ve prometedor, pues sólo existen ligas amateurs, por lo que dejará de lado las ilusiones y apostará por el futbol universitario, una beca deportiva, terminar una carrera; sin embargo, de pronto,  a finales del 2016 la ilusión parece convertirse en realidad cuando anuncian el futbol profesional para mujeres en México. Su talento es suficiente para que varios clubes profesionales la aborden: sueldo, pero sin casa club; casa club, pero sueldo bajo; 5 mil pesos al mes y te pagamos la escuela… varias opciones, aunque ninguna cercana a los 650 mil pesos mensuales, en promedio, que un futbolista de élite ganaba precisamente en el 2003. El sueño es grande, los latidos se aceleran y le dicen, ¡hazlo! La realidad la golpea, el costo de la vida en México le grita que será difícil, sin embargo, vale mucho más el sacrificio.

Esta breve historia, ficticia, podría quedar a la perfección en decenas de jugadoras de la Liga MX Femenil, quienes debieron poner en la balanza cuánto añoraban convertirse en profesionales, pero también, cuánta repercusión tendría esto en sus ingresos. Una futbolista en México suele utilizar parte de su día en un trabajo que le permita solventar sus gastos, pues el balón no le da lo suficiente: laborar por las mañanas, salir corriendo para comer algo y llegar a entrenar a las 2 de la tarde; quizá en su auto (en el que gasta entre 800 y mil pesos semanales en gasolina) o en transporte público, cuyo costo varía de ciudad a ciudad, pero podría ir de los 150 a los 300 semanales. Lo anterior se suma a posibles gastos de renta, ya que no todos los equipos tienen casa club, y de comidas, pues tampoco se les brinda en su totalidad este beneficio.

De acuerdo con datos de La Jornada, publicados en febrero de este año, los sueldos de las jugadoras mexicanas van de los 2 mil 500 a los 30 mil pesos al mes, aunque esta última cifra aplica sólo para un reducido grupo, aquellas con más experiencia, sobre todo a nivel de Selección Nacional o en el extranjero, mientras que el grueso de las jugadoras apenas sobrevive con un sueldo promedio de 6 mil pesos al mes y en casos excepcionales, incluso hay algunas que no reciben salario, pero aceptaron tal condición con tal de ser «parte del sueño».

Una mudanza sin ellas

Todo este contexto sale a relucir debido al caso de Monarcas, equipo que ha desaparecido del radar debido a que su plaza fue adquirida por Mazatlán FC, en una compra-venta exprés, que apenas dio tiempo a que las futbolistas de esta escuadra pudieran decidir qué hacer con su futuro. En primera instancia, no fueron informadas de la situación de manera oficial, sino que tuvieron que enterarse por redes sociales.

Después, cuando la mudanza se materializó, les propusieron trasladarse a Mazatlán con sueldos que van desde los 6 mil hasta los 9 mil pesos, no más, aunque sin casa club y, si acaso, las comidas, pero ellas deberían hacer rendir esa cantidad para el pago de renta, traslados y otro tipo de gastos como compra de zapatos (para jugar y para trasladarse, tipo tenis), así como el resto de indumentaria como calcetines, espinilleras y hasta suplementos alimenticios, pues el club, aun estando en Morelia, no se hacía cargo de ninguno de esos detalles que toda futbolista profesional debería tener.

Y es que las condiciones para el equipo femenil michoacano nunca fueron las adecuadas si se habla de profesionales: apenas un uniforme por jugadora, por lo que en caso de que sucediera algún incidente en un partido, como una mancha de sangre o que se llegara a romper por un jalón, no había camiseta de repuesto; la hidratación siempre era agua con hielo, nunca alguna bebida hidratante, aún cuando la misma FIFA las recomienda, ya que aportan de 4 a 8 por ciento de carbohidratos, mejorando el rendimiento de un deportista; si alguna jugadora quería consumirla, debía comprarla por su cuenta; en algún momento, se les daba una cena, que intentaba ser acorde con sus necesidades de nutrición, sin embargo, ese beneficio se terminó a los pocos meses, bajo el pretexto de un recorte presupuestal, aunque tampoco vieron que tuviera impacto en alguna otra mejoría; además, aunque el cuerpo técnico les informaba qué rutinas debían hacer en gimnasio, era casi imposible usar el del club, que siempre estaba ocupado por las diferentes categorías de la rama varonil, por lo que ellas debían pagar uno por fuera.

Ante este panorama y haciendo un comparativo de las condiciones en Morelia y las que ahora les ponían sobre la mesa, la mayoría declinó la oferta, pues consideraron que lo ofrecido no sería suficiente en la ciudad sinaloense; y es que en la capital michoacana, algunas vivían con familiares, lo que evitaba el pago de renta; mientras que otras en la casa club, pero en Mazatlán, esto ya no existiría, pues aunque para la rama varonil sí se buscó un espacio para vivienda, para las mujeres no se hizo este esfuerzo.

Para contextualizar, en las plataformas más populares de renta por internet, un departamento en Mazatlán puede ir desde los 5 mil hasta los 25 mil pesos, aunque también se cotizan en dólares (los hay de mil y mil 500 dólares, es decir, de 21 mil y 32 mil pesos), debido a que la conocida Perla del Pacífico es una de las ciudades más importantes de México en materia de turismo, al recibir a unos 100 mil visitantes mensuales en su aeropuerto, razón por la que el costo de la vida se eleva. A este marco, se le suma el de la nueva realidad tras la emergencia de salud actual y la crisis económica que golpea a todos los sectores incluído el del futbol y los salarios.

De acuerdo con el Blog de Viva Anuncios, espacio dedicado a la venta y renta de inmuebles, la canasta básica en el puerto se ha incrementado desde el 20 hasta el 50 por ciento, debido al auge que ha tomado en materia turística, puesto en otras cifras, comprar una despensa en Mazatlán es, hasta ahora, 40 por ciento más caro que en el centro del país, aunque esta cifra no considera que una futbolista debe llevar una dieta distinta. Sumado a esto se pueden considerar 2 mil 300 pesos al mes por servicios como agua, luz, teléfono, internet y recolección de basura.

Por lo anterior, si dos jugadoras se unen para rentar un departamento, el más barato, y considerando posibles modificaciones por la disminución del turismo en la ciudad, sería de 5 mil pesos y sus gastos mensuales podrían quedar: 2 mil 500 de renta, 1150 de servicios, 620 de transporte y 2 mil de comidas (considerando que el club no siempre pueda darles esto), para un total de 6 mil 270, un poco más del salario más bajo en el equipo, todo esto sin considerar lo mencionado previamente en cuanto a zapatos, indumentaria deportiva, gimnasio y, mucho menos, sobre algún tipo de entretenimiento como una salida al cine o comida fuera de casa.

Con este panorama, apenas unas cuantas aceptaron la oferta, a sabiendas de que probablemente tengan que poner de su bolsa, buscar un trabajo o hasta endeudarse, es decir, en México, una mujer que desea continuar siendo futbolista profesional tendrá que aceptar las condiciones imperantes en los diferentes clubes, con pocas posibilidades de crecimiento y prácticamente nulo interés de los directivos, quienes con la mano en la cintura terminan «arrebatando sueños».

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