CORONAVIRUS Y FUTBOL ¿RELACIONES PELIGROSAS?

Beatriz Vélez, Socioantropóloga del fútbol (Canadá-Colombia)

La consigna Quédate en casa y sus complementos: Mantente a salvo. Salva vidas están contribuyendo a la aparición de un sentimiento de miedo al contacto físico con Otro. Particularmente al miedo de las manos, consideradas como uno de los principales vectores de contagio. En la práctica estamos apresados por la inquietud de contraer el virus mediante la manipulación de objetos, tocándonos la cara, tocando a los demás. 

Aquí nos preguntamos:

¿Cómo comprender los nexos entre el miedo al Otro despertado por el coronavirus y el objeto cultural que es el fútbol, un deporte cuyo valor socioantropológico de juego y goce depende de la presencia encarnada de Otro? 

Las relaciones entre estos dos universos dispares, nombra concordancias y discordancias:

  1.   El alcance sociológico del poder que se les ha otorgado los acopla. El coronavirus se presenta como una amenaza para la salud de toda la humanidad. (Un poder negativo). El fútbol, ​​considerado el deporte rey, se presenta como un vector de fiesta para toda la humanidad igualmente (Un poder positivo). El planeta-fútbol parece proteger la salud en la sociedad tecnológica si consideramos los estados de alma que suscita entre algunos hombres : “El fútbol no una cuestión de vida o muerte. Es más que la vida”.  «La vida sin fútbol no merece ser vivida». «¿Qué sabes del amor si nunca has amado un equipo?»
  1. El contagio. Siendo común a esos dos universos tiene efectos contrastantes en cada uno de ellos. En el del Cornavirus, el contagio transmitido aún por un ser amado puede tornar mal y acabar con la vida. En el del fútbol, el contagio mimético transferido por proximidad corporal con otros contaminados (tifosis) es el elemento de soldadura de un placer que se comparte con abrazos y besos con desconocidos. El contagio mimético del fútbol transporta los cuerpos de todos a un mundo de felicidad y ensoñación. Los futbolistas en el terreno, los espectadores en las graderías, se abandonan en la carnalidad ajena del compañero de proeza, del vecino presente en terrenos, estadios, plazas, bares, salones. La densidad corpórea y el contagio mimético que alimenta el sentimiento de amor por el fútbol habla de un tipo de relaciones con el Otro estrictamente contrario al reclamado por el coronavirus  
  1.   Las manos. El fútbol es un deporte popular en parte por la simplicidad de su equipamiento reducido casi al cuerpo privado de sus manos. Esas manos que hoy son extremadamente controladas, sospechosas de ser un vehículo de la propagación de Covid 19.

Manos y pensamiento

El coronavirus y el deporte trabajan en contra o favor del contacto corporal y ambos vigilan particularmente la destreza manual. 

El poder de las manos al cual debemos tanto el avance técnico y artístico como el desarrollo de nuestra corporeidad y humanidad (lo manual habla a lo mental y viceversa) deriva de su extrema ductilidad y capacidad de comunicación con los sentidos (la vista particularmente).  

Si los pies nos sostienen y conducen en la cancha como en la vida, es por las manos, especialmente por su autonomía, que nos sentimos como enrollados en el mundo y como capaces de tender puentes hacia las cosas y los demás. 

 Las manos gozan de una gran libertad y sus despliegues han inspirado con admiración o desconfianza la imaginación colectiva. Sus movimientos rápidos, ligeros o sutiles denotan lo escondido, retorcido o sucio. Tener las manos limpias habla de la higiene personal, social o moral de su portador. Bien que ligadas al cuerpo se despliegan con una autonomía tal que, frágiles, sentimos perder su control (se nos va la mano) e inventamos la mezquina metáfora de manipulación para hacer referencia a su plasticidad.

Sus movimientos versátiles nos acercan a todo, guían y apoyan la extensión de nuestras emociones por el tacto. Palabras y arte nos tocan y por nuestros primeros contactos comenzamos la gran aventura del mundo hacia la realización de nuestra humanidad guiados por la pregunta ¿somos inteligentes porque tenemos manos o por las manos hemos desarrollado la inteligencia?

El coronavirus tiene en jaque al fútbol porque el aislamiento físico choca con la experiencia de ese deporte de equipo que da al público el título de jugador #12. Porque para jugarlo y gozarlo necesitamos de otras personas, de encuentros en cuerpo y alma entre equipos estructurados e individualidades fuertes. El aislamiento mina los ideales de sus protagonistas afanados en prepararse bien para mostrarnos un juego capaz de llenar nuestro vacío existencial por su calidad.

 La densidad y proximidad carnal de la masa en júbilo y las actuaciones inusitadas del cuerpo repelen las estrategias de combate contra ese virus el cual tiene en común con el fútbol el principio de duda, léase de aversión a las astucias de las manos. 

Prescripción del pie, proscripción de la mano  

Abordemos ahora el tema del alcance antropológico que comporta el mandato del fútbol consistente en “proscribir la mano y prescribir el pie” para intentar controlar un balón redondo, rodando a 150 km por hora sobre un vasto terreno bajo la codicia de 22 jugadores.  

A la luz de una Antropología fundamental (Morin) podríamos preguntarnos en qué se fundamente un mandato tan demencial en un juego con balón. ¿Quizá para envilecer la versatilidad y potencia cognitiva de las manos? O su implantación ¿Viene del reconocimiento de que sobrepasar nuestros propios límites (los del cuerpo incluidos) es tan fundamental a los humanos como respirar?  

Lo cierto es que para jugar, respetando un tal principio, los futbolistas están obligados a punzar sobre su capacidad de inventiva corporal más allá de lo usual. Cabriolas excepcionales como el escorpión, la chalaca, el sombrero, la bicicleta aparecidas bajo contextos de presión debida al ardor en el combate, a la fuerza del movimiento y al poder de la masa hablan del lenguaje de la carne, excepcional, inédito y efímero. El amor-fútbol abraza al mundo entero porque en el estadio se refleja nuestra condición primordial de seres carnales, unidos entre-si por la misma acción de juego, gesto, grito, palabra, canción. 

Si el contacto físico opone el fútbol y el coronavirus la desconfianza mutua ante las habilidades cognitivas y sensibles de las manos los reúne.

El cuerpo y las manos endiabladas ¿Qué nos inspirarán ellas en la fase de post-coronavirus justo en el momento de disfrutar de las proezas de un cuerpo amputado de manos que representan los futbolistas? 

Lo ignoramos pero seguramente dichas proezas serán aún plebiscitadas por las manos de los espectadores presentes quienes con aplausos interminables e olas recurrentes posibilitaran la revancha de las manos que aun proscritas, vuelven a reinar en  la escena.

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