¿POR QUÉ LA LIGA FEMENIL NECESITABA UNA BARRA FEMINISTA?

Es marzo del año 2000. Una niña de nueve años con una playera del Atlas, que su mamá le compró en el mercado, y un paliacate rojinegro en la cabeza, sale corriendo de su casa para gritar un gol de Daniel Osorno, los vecinos la miran extrañados, en un pueblo que no supera los 600 habitantes, allá en el norte del estado de Veracruz.

¿Sus primeros referentes en el futbol? Todos hombres. Luis Hernández, Pavel Pardo, Daniel Osorno, Miguel Zepeda… ¿sus primeros referentes como aficionadxs? Las barras que veía en la televisión y que con los años se volvieron más violentas, importando las peores conductas de los grupos de animación argentinos. ¿Mujeres? Pocas. ¿Entrar a ese espacio? Casi imposible.

Hoy, 20 años después de aquello, esa niña que no entendía mucho, que únicamente quería disfrutar de un deporte que le había robado el corazón, ha encontrado diferentes maneras de cambiar el imaginario que las mujeres tienen del futbol.

La Barra Feminista, un espacio de lucha

Yo era esa niña. Jugué futbol desde los nueve años. En mi pueblo, junto con mis mejores amigas, formamos el primer equipo de futbol de mujeres, ninguna pasaba de 15 años. En secundaria y preparatoria, era la que animaba a que se armara el equipo de futbol, había que recaudar fondos para uniformes, para los traslados, incluso para pintar la cancha, a veces, los padres de las compañeras no las dejaban ir a los partidos, primero debían cumplir con las labores del hogar. Una serie de obstáculos para las mujeres futbolistas que a lo largo de la historia se nos han presentado.

“En mis tiempos”, como diríamos las chavorrucas, no existía la posibilidad de ser profesional, aunque siempre soñé en jugar para el Atlas, por eso me entregué a mi vocación para la Comunicación y me convertí en periodista deportiva; ahora, además, me dedico a investigar el futbol femenil, en una búsqueda constante para que las niñas de nueve años de la actualidad se sientan acompañadas no sólo en la práctica deportiva, al tener referentes como Charlyn Corral, Nayeli Rangel o Lizbeth Ovalle, sino también como aficionadas, pues no se puede negar que el futbol y sus espacios, canchas y estadios, han sido territorio dominado por hombres, en una falsa creencia de que el juego y su afición es masculino, por lo tanto, la presencia de mujeres en barras o simplemente como aficionadas “de a pie”, es vista como extraña o poco común, pese a que cada vez son más las interesadas en este deporte.

Por lo anterior, la llegada de una Barra Feminista viene a resignificar el espacio del balompié y todo lo que él implica. Si bien, el concepto de barras vino a México para anular a las familiares porras de los años 90, y ha representado desde entonces la reproducción de discursos patriarcales, minimizando a lo femenino y exaltando el odio hacia grupos como la comunidad LGBT, el ejercicio representa la apropiación de un territorio que desde siempre debió estar abiertos a todos. Además, el “hackeo” a los tradicionales cánticos en los que imperan discursos de odio, han sido transformados para transmitir sororidad y, por supuesto, todo lo que en esencia es el feminismo.

“No les vamos a ceder, ¡no les vamos a ceder ni un cachito de cancha!, aquí están las futbolistas contra el machismo por la revancha”, es apenas uno de los tantos cánticos que el 14 de marzo se crearon en las gradas del Estadio Olímpico, en el primer juego de futbol femenil profesional jugado en ese recinto. En la cancha, Pumas y Cruz Azul mantenían la batalla, pero en palomar, unas 30 mujeres, incluyéndome, ataviadas con una camiseta morada, hacían uso de su ingenio para hacerse notar y así visibilizar la lucha femenina que también persiste en el deporte. “¿En dónde están?, ¿en dónde están… los directivos que van a pagar igual?”, sonaba a todo pulmón y provocaba que algunas mujeres, a lo lejos, lo replicaran.

“¿Qué no ven que hay niños?”, comentó un aficionado de Pumas cuando vio que la Barra Feminista se movía hasta el filo del palomar, para que las futbolistas escucharan el apoyo que se les daba desde el graderío. Uno de los objetivos de la barra es, precisamente, dar a conocer que el feminismo está lejos de la violencia y que la protesta es hacia la inequidad, la protesta es para visibilizar la necesidad de mejorar las condiciones de las futbolistas, por eso precisamente, la Barra no es afín a ningún club, sino al futbol femenil, por lo tanto, la sororidad va para cualquier color, “futbolista, hermana, ¡aquí está tu manada!”.

Para quienes deseen unirse a esta iniciativa, pueden ponerse en contacto a través de sus diferentes redes sociales: @barrafeminist1 en Twitter, Barrafeministamx en Facebook e Instagram.

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