LA FÓRMULA DE LA EQUIDAD EN EL FUTBOL DE AUSTRALIA

Las Matildas de Australia fueron el equipo revelación en la Copa Mundial Femenina China 2007: Dirigidas por Tom Sermanni, barrieron en la primera ronda y calificaron a los cuartos de final por primera vez gracias a un golazo de la jugadora Cheryl Slisbury en un partido de infarto contra Canadá. Incluso, ese encuentro fue votado por lxs del continente más pequeño, como su mejor momento deportivo del 2007, sus futbolistas habían dejado a las de la hoja de Maple fuera del torneo.

El DT Sermanni llamó a ese partido como “el día más largo en la oficina” y, aunque ya en los cuartos de final cayeron ante Brasil 2-0, dejaron abierta una puerta para que entrara la empatía de la afición por ellas.

Como en muchos otros equipos de entonces (y hasta la fecha en la mayoría de los países donde se juega futbol femenil), las realidades de las Matildas eran las de mujeres que trabajaban medio tiempo o estaban desempleadas. Las 22 futbolistas de esa Copa Mundial recibieron solo alrededor de $5 mil dólares australianos cada una por alcanzar los cuartos. La jugadora Lisa DeVanna de 23 años, líder de goleo en China con cuatro goles, y miembro del equipo elegido por FIFA All Tournament, regresó de la Copa Mundial a su trabajo de despachar gasolina en una estación.

La actuación del conjunto no estaba lejos de una casualidad. En Australia, las mujeres habían comenzado a jugar a principios de los setenta y su primer campeonato fue en 1974, el mismo año que la Australian Women’s Soccer Association se formó. A China habían llegado con una estructura de selección nacional organizada y con jugadoras jóvenes. Sin embargo, el fervor de su actuación en China, pronto podía apagarse: Australia aún no contaba con una liga profesional.

Alicia Ferguson, quien ya había jugado para el equipo nacional por diez años –desde los 15– y quien ya tenía el recorrido de 66 torneos internacionales, comentó después de lo de China:

“Nuestra situación local ciertamente necesita ser atendida, porque por el momento las pláticas para iniciar una liga son inexistentes y terminamos jugando contra equipos de hombres más seguido que de costumbre. Solo espero que esta competencia (la Copa Mundial de China 2007) y el equipo nacional podamos probar el ímpetu que se necesita para que las cosas al respecto puedan funcionar”.

Solo un año después, Australia arrancó la W-League (octubre del 2008) con ocho equipos, cada uno a jugar diez partidos de temporada regular, con la clasificación de cuatro y un juego de semifinal. Las de Queensland Roar (hoy Brisbane), fueron las ganadoras del primer torneo tras vencer 2-0 a Canberra ante 4 mil 500 fanáticos.

LA FÓRMULA

Poco a poco, Australia supo hacer la fórmula de la equidad en el futbol. La semana anterior se dio a conocer que Las Matildas, el conjunto nacional femenino de ese país, ganarán lo mismo que los Socceroos, el equipo masculino según un acuerdo histórico entre la Federación Australiana de Futbol y el Sindicato de Futbolistas Profesionales, un trato que se veía venir y que también dicta otras premisas contundentes: Ambos conjuntos deberán repartirse ingresos comerciales como los de la publicidad.

Las Matildas, equipo que se encuentra clasificado por FIFA en el sitio número ocho a nivel mundial (mientras que los Socceroos están en el sitio 44), se han visto beneficiadas por dos momentos importantes para lograr esta equidad:

Primero, que en su país se arrancó desde hace once años (octubre del 2008) la liga local femenina, la W-League, con base en un plan que desde el inicio fue estructurado con miras a crecer. Por ejemplo, para inaugurar la liga, fueron importadas jugadoras extranjeras de países como Canadá (Brittany Timko, Melbourne Victory), Nueva Zelanda (Rebeca Tegg también del Melbourne), o de Suecia (Sanna Frostevall, Newcastle Jets).

Aunque en la W-League comenzaron a enfocarse en desarrollar jugadoras de entre 17 y 20 años como futuros prospectos –cuando normalmente a esa edad corrían más riesgo de dejar el deporte o bien centrarse en sus estudios–, se complementaron con jugadoras norteamericanas en préstamo como la ex portera Jill Loyden, con cuyo apoyo en cómo organizar las prácticas, enseñanzas en general y pláticas sobre cómo ser profesionales, crearon un entorno favorable de credibilidad y crecimiento. En dos años, las jugadoras ya llevaban a cabo más encuentros que sus homólogos.

Otro ejemplo, es cómo la W-League aprovechó los equipos de hombres profesionales existentes para fines de marketing, pero adoptó un modelo híbrido: el uso de nombres comunes y organizaciones de marketing sí, pero manteniendo los presupuestos separados. Esa flexibilidad ha permitido que hoy se compartan dichos beneficios por conceptos de publicidad.

El segundo momento importante en la fórmula de equidad para Las Matildas, es que lograron subirse a la ola de las protestas a nivel mundial por la falta de paridad de género en el futbol femenino. Como ejemplo, las jugadoras del conjunto nacional de EEUU, campeonas de la Copa Mundial, que también superan a sus homólogos en clasificación y logros, aún mantienen la demanda ante las autoridades locales que rigen el deporte en su país por discriminación de género y será hasta mayo del 2020 cuando haya resoluciones.

Australia se une a Nueva Zelanda y a Noruega –primer país en lograr la equidad salarial en selecciones nacionales de futbol— como las naciones que cierran la brecha de género en la cancha. Aunque un camino se abre y parece hacer una invitación a otros países a sumarse, aún se debe esperar a ver qué responden otras latitudes donde el futbol masculino gana exorbitantes sumas económicas, como es el caso de Alemania, España y Francia y en los que aún parece lejano el momento de cerrar brechas.

Por lo pronto, para Australia ya ha ido lejos: Las jugadoras no solo recibirán una mayor cantidad de dinero por la Copa Mundial Femenina 2019 (aunque aún hay una diferencia abismal entre lo que FIFA le asigna a mujeres -30 mdd- y a los hombres -400 mdd-) y la Copa Asiática, sino que también serán recompensadas con los mismos recursos que reciban los hombres, se desarrollarán programas de futbol y se actualizará la política de licencia parental, uno de los puntos centrales, si se considera que las futbolistas de España están en tensión por una posible huelga exigiendo (entre otras cosas como mejoras en los salarios) también protocolos de embarazo, lactancia y maternidad.

La fórmula está a prueba y las posibilidades para otros países, también. Las Matildas por lo pronto ya se hicieron de una profesión y la celebran: la de jugar futbol.

FUENTES: BBC, Beyond Bend It Like Beckham, The Global Phenomenon of Women’s Soccer.

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