UN AÑO SIN MARBELLA IBARRA. UN CASO SIN JUSTICIA Y EN SILENCIO

Por Adrianelly Hernández

Dolió la forma. Sigue doliendo. Porque era una mujer, porque era Mar Ibarra, porque era un ser humano. Nos dolió la forma en que se fue, pero mucho más la invisibilidad para algunos medios de comunicación, pero sobre todo para la Liga BBVA MX Femenil.

Mar Ibarra fue una revolucionaria del futbol femenil. Con capital propio se dio a la tarea de cambiarle la cara al futbol femenil de Baja California, primero con su equipo Isamar FC, en el que apoyaba a sus jugadoras, las trataba como profesionales y, por esa razón, pronto comenzó a convertirse en una escuadra ganadora, que marcaba la pauta en Tijuana y alrededores.

Luego, en el 2014, Mar tuvo la visionaria idea de convertir su equipo en el representativo de Xolos, puso sobre la mesa esta propuesta y los directivos del club fronterizo aceptaron, aunque el sí sólo implicaba que pudieran usar el nombre del equipo y el estadio, así como el pago de la inscripción a la Women’s Premier Soccer League (WPSL) de Estados Unidos, mas no incluía sueldos o mayor apoyo económico, pese a ello, quien era abogada de profesión y una apasionada del deporte, no bajó los brazos.

Con Mar como directora deportiva de las Xolas, el equipo se convirtió en un referente del futbol amateur, con jugadoras de Selección Nacional como Fabiola Ibarra, Carolina Jaramillo y Jazmín Aguas, y otras más que eran figuras en la región, como las hermanas Verónica y Karla Pérez, además de Inglis Hernández. Además, hizo lo que nadie en ese entonces, logró que su escuadra tuviera una gira por España, donde se midieron al Atlético de Madrid, Levante y Valencia. Sin duda, los sueños de Mar se enfocaban en hacer que el futbol femenil volara alto, sin importar el precio.

“Sueño con ver a México siendo campeón del mundo y sé que lo vamos a lograr”, me dijo un día en una de esas charlas que tuvimos sobre la situación del futbol femenil mexicano, de los obstáculos en la Liga, de los problemas en Selección… ella no se desanimaba, siempre estaba pensando en el siguiente paso que se debía dar para cambiar la situación.

Cuando llegó el anuncio de la Liga, quienes hemos estado inmersos en este mundo del balompié de mujeres, sabíamos que Mar y sus jugadoras iban a dar de qué hablar, pues eran el único conjunto que ya estaba armado. Y así lo fue, en la Copa MX de Toluca, las Xolas llegaron a la final y aunque fueron goleadas escandalosamente por Pachuca, ahí estaban, ese equipo que desde el amateurismo había marcado un hito en el futbol mexicano y que, si se le apoyaba, podía llegar alto.

Lamentablemente para Mar, el apoyo del club no fue el idóneo para la Liga y tanto ella como sus jugadoras terminaron alejándose; las futbolistas emigraron a otros equipos: Ibarra y Jaramillo terminaron en Tigres; mientras que las hermanas Pérez desembarcaron en Gallos. El equipo se había desmantelado y vino a la baja.

Pero ella no perdía la cabeza y si su proyecto de impulsar al futbol femenil no podía continuar en Xolas, lo haría desde otra plataforma. Fue así como Mar creó la fundación Ellas Juegan, su último gran proyecto. Con ella, buscaba ayudar a que niñas de todo el país acudieran a las visorías de los equipos de la Liga BBVA MX Femenil y así evitar que los grandes talentos se quedaran sin llegar al profesionalismo. “Es una fundación que va a apoyar a las jugadoras que quieran ir a probarse a los diferentes equipos, aquí no hay camiseta, el chiste es que el futbol femenil siga creciendo (…) se les van a conseguir viáticos. Yo fui jugadora amateur y sé lo que se carece, lo que se necesita y sé que los sueldos no son lo suficiente como para que vivan bien y sean profesionales”, me dijo en la última entrevista que le hice, todavía para Ellas en el Deporte.

El legado, la historia, la leyenda que fue Mar, eso nadie lo borrará. Siempre estará presente en todas las jugadoras a las que impulsó, a las que desde mucho antes de la creación de la Liga, ella trató como verdaderas profesionales. Lo que Mar hizo en vida vale mucho más que la forma en que nos dejó, pero eso no quita que quienes la conocimos, aún esperemos un poco de justicia, para ella, para el futbol femenil que ayudó a forjar y para todas las mujeres mexicanas que aún viven en espacios de violencia y que quizá, con proyectos como los que impulsaba Mar, podrían encontrar una mejor opción de vida.

DE LA MALA IMAGEN Y LA HIPOCRESÍA

Por Olga Trujillo

Mala imagen. El equipo del Atleti de San Luis despidió a la doctora Saida Abud por visibilizar deficiencias en sus redes sociales y “por machismo”, como ella misma lo expresó. Meses antes, como mera estrategia de marketing, el conjunto había estado en boca del futbol femenino por una campaña llamada #AsíNoSeJuega, donde las futbolistas del San Luis aparecían con diálogos a manera de protesta por la violencia machista y los feminicidios. La Liga BBVA Femenil no tardó en aplaudir la iniciativa y, además, invitó al resto de los equipos a sumarse. Casi pasaban desapercibidas dos cosas: Que cuando se confirmó el asesinato de Marbella Ibarra, pionera del futbol femenino en México, ni una sola palabra pronunciaron al respecto en ninguna de sus redes sociales.

Tanto el conjunto del Atleti de San Luis, como el de la LigaBBVAFemenil, han dado una mala imagen institucional a lxs seguidorxs del futbol femenil en este país. Es igual la hipocresía de hacer que las futbolistas salgan a promover un llamado para sumarse a pedir justicia por “casi” todas las mujeres, como lo es despedir a alguien porque se manifiesta en contra de los malos tratos hacia las mismas jugadoras.

Ha pasado un año ya de la muerte de Marbella Ibarra –a quien primero secuestraron y luego ataron de manos y pies para matarla a golpes–, pero el esclarecimiento de los hechos sigue en silencio… como desde un inicio. Hace apenas unos días se resolvió el caso de otro feminicidio fuera de las canchas: El de Lesvy Berlín Rivera (a quien encontraron colgada del cordón de una caseta telefónica en territorio de la UNAM), del cual primero se dijo que se trataba de un suicidio y, del que poco más de dos años después, ha podido solucionarse declarando culpable a su entonces novio. La Procuraduría General de Justicia de la CDMX tuvo que salir a pedir disculpas públicas por las fallas cometidas en el caso. Otra institución que ha tenido que quedarse con la carga de la mala imagen.

“¿Cuánto tiempo tenemos que esperar para que la justicia llegue para todas y cada una de las mujeres que fueron asesinadas en este país?”, dijo Araceli Osorio, madre de la joven Lesvy.

Que las instituciones se carguen su tema de imagen como piedras en el costal, pero que también se queden con el peso de esta pregunta.

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