MUJERES IRANÍES Y SU LUCHA PARA ASISTIR AL ESTADIO

«Football is for everyone».
— ESPNW

Aún recuerdo la primera vez que fui al estadio. Un día antes no podía dormir de los nervios. Ahora no recuerdo con exactitud qué torneo se disputaba ni la fecha, pero el año era 2008. Puebla recibía en el Estadio Cuauhtémoc a los Tuzos del Pachuca. En la plantilla de La Franja aún figuraba el Ruso Zamogilny y como director técnico, el Chelis. En el arco rival, Miguel Calero. Estaba realmente emocionada.

En ese entonces, debo confesar, mi mente no se imaginaba que había niñas y mujeres de otros países que no podían presenciar y disfrutar un encuentro futbolístico. No imaginaba tal prohibición.

El tiempo pasó y fui “descubriendo” que desde antes –y años después de mi primera vez–, en otra parte del mundo, niñas y mujeres seguían sin poder vivir, con plenitud, la experiencia de un encuentro deportivo público: desde 1979, Irán es el único país donde a las mujeres se les ha prohibido el acceso a los estadios.

IRANÍES ARRESTADAS

El año pasado (2018) salió la noticia de que 35 iraníes se disfrazaron de hombres para poder entrar a un juego en el Estadio Azadi, mismo que estaba presenciando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Al ser descubiertas, estas fueron arrestadas.

Sobre esto, la organización Human Rights Watch (HRW) denunció que la exclusión es una clara violación de la política de Derechos Humanos de la Federación Internacional de Futbol: “el artículo cuatro de estos estatutos precisa que la discriminación contra la mujer está estrictamente prohibida y se castiga con la suspensión o la expulsión”.

“Las mujeres iraníes no deberían pasar ni un segundo en prisión porque las autoridades las acusan de desafiar pacíficamente una prohibición ridícula que niega a las mujeres y las niñas la igualdad de derechos para asistir a un partido de futbol […] Irán debería liberar inmediatamente a estas mujeres y levantar la prohibición discriminatoria de que las mujeres asistan a los eventos deportivos”, declaró Minky Worden, directora de Iniciativas Globales de Human Rights Watch.

En junio del mismo año, en el amistoso de Irán contra Siria, mujeres fueron expulsadas del mismo estadio y detenidas por las fuerzas de seguridad. Al respecto, Infantino advirtió a la Federación Iraní que tenía que adoptar medidas concretas para que las mujeres pudieran entrar a los estadios o, de lo contrario, serían sancionados.

A pesar de los posicionamientos y las manifestaciones hechas, el veto continuó. Y las mujeres siguieron disfrazándose, desafiando a las autoridades.

EL CASO DE SAHAR KHODAYARI

Hace un mes, la noticia de la muerte de Sahar Khodayari dio la vuelta al mundo.

Khodayari, de 30 años, se disfrazó de hombre para acudir a un partido varonil el año pasado. La policía la descubrió, abrieron un expediente y estaba pendiente de juicio.

Al saber que recibiría una condena de prisión de seis meses, se presentó frente al Tribunal Revolucionario de Teherán y como protesta se prendió fuego.

Fue hospitalizada tras sufrir quemaduras muy graves en la mayoría de su cuerpo; el 10 de septiembre se dio a conocer su fallecimiento, mismo que indignó a su país y al resto. Su deceso coincidió justo cuando la FIFA gestionaba con las autoridades revertir el veto para que las mujeres pudieran entrar a los partidos.

Al respecto, la Federación Internacional de Futbol declaró:

“La FIFA traslada nuestras condolencias a la familia y amigos de Sahar y reitera nuestros pedidos a las autoridades iraníes para asegurar la libertad y seguridad de toda mujer que participa en esta legítima lucha por acabar el veto a las mujeres en los estadios de Irán”.

DÍA HISTÓRICO, PERO LIMITADO, PARA LAS IRANÍES

Después de la trágica muerte de ‘Blue Girl’ –conocida así por los colores de su equipo favorito, Esteghlal FC–, la lucha para levantar las restricciones impuestas a las mujeres para asistir a partidos no desistió. La Amnistía Internacional dio a conocer que las autoridades iraníes les venderían entradas para el partido de clasificación para la Copa Mundial de Fútbol Catar 2022 contra Camboya, que se jugaría en el estadio Azadi de Teherán el 10 de octubre.

Hoy, después de casi 40 años, fue la primera vez que las iraníes presenciaron, sin disfraz y sin temor de ser expulsadas, un encuentro varonil. Los boletos, por supuesto, se agotaron, pues hubo cupo limitado: sólo el 5% del total de capacidad del estadio fue asignado para ellas.

Sobre esto último, organizaciones como Human Rights Watch (HRW) y Open Stadiums han cuestionado la limitación en el número de entradas para el público femenino (3,500 de las 78,000 localidades del estadio).

Incluso, la activista Maryam Shojaei, hermana del capitán de la Selección de Irán, también prestó atención a esta y otras diferencias.

“Si las autoridades están proponiendo precios diferentes para los boletos, puertas de acceso diferentes y secciones de asientos diferentes, están tratando a las mujeres diferente que a los hombres”.

Sabemos que este acontecimiento es apenas un paso de los muchos que se necesitan para conseguir el total acceso y el trato digno. Que la FIFA, de igual forma, está trabajando con las autoridades correspondientes para conseguirlo, pues dentro de dos años Catar será sede para la próxima Copa del Mundo.

Pero esta lucha no sólo es para que las iraníes, pequeñas y grandes, puedan acudir a los encuentros del próximo Mundial, sino también a los partidos de la liga local, justo como lo menciona Maryam Shojaei.

“Las ligas son más frecuentes y más importantes que los partidos del Mundial, y la FIFA debe darles un ultimátum para los partidos de la liga para que las familias puedan ir juntas a ver los juegos”.

 

Fuentes:

EPNW, Ella es Crack, El País, La Silla Rota, Amnistía Internacional España, Marca, Europa Press y Apuntes de Rabona.

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