MAJO, LA ADOLESCENTE CLAVADISTA QUE SIENTE QUE VUELA

Ha pasado la mayor parte de su vida descalza en la plataforma. María José Sánchez tiene solo 14 años y ya presume de una medalla de bronce Mundial (en Gwangju 2019). Tal hazaña, la elevó de inmediato al cuadro de honor donde habitan las leyendas: Y ella ocupa la de la clavadista mexicana más joven en conseguirlo.

Los recuerdos son frescos, como aquellas escenas dentro del auto de su mamá o papá para ir a los primeros años de entrenamiento: “Salía de la escuela y ahí comía, ahí me cambiaba, ahí adelantaba tarea, ahí vivíamos…”.  Así comienza la historia Majo, quien nunca se ha cuestionado si el trajín de una niña adolescente de su edad es pesado o no, al contrario: “yo me salía enojada del coche con mi mamá o mi papá si llegaba tarde a entrenar”.

Recién había cumplido seis, cuando un día miraba la televisión y sus ojos se quedaron fijos al ver una competencia de clavados. Ahí estaba: Era Paola Espinosa (entro otros clavadistas) volando desde la plataforma para lanzarse majestuosamente al agua. “En ese momento dije: ‘yo quiero hacer eso, quiero lanzarme de algún lugar o así”.

En la familia de Majo se hace deporte. Su madre, María Elena, es entrenadora de gimnasia y su abuelo era entrenador de futbol. Cuando Majo vio a la medallista olímpica en la TV, una amiga de su madre conocía a Ma Jin, quien durante muchos años fue mentora de Paola.

Y así llegó a la alberca CEFORMA, a una hora más quince minutos de su casa sin tráfico: “Me dijeron que debía hacer una prueba de un mes que, si la pasaba y me gustaba, me quedaba. Y así fue. Me hicieron pruebas de fuerza, de resistencia, de elasticidad, pero como yo hacía gimnasia, ya llevaba algo avanzado”.

 

Ir al Simón Bolívar, entrenar por las tardes, tener amigos e invitaciones a fiestas “hasta ese momento mi vida era, digamos, normal”. Aún no era seleccionada nacional “pero no me gustaba faltar (a la práctica), ni estando enferma… Iba a las fiestas solo si era sábado por la tarde o domingo”.

Un pasatiempo o una disciplina para “cansarse” era como Majo veía al principio los clavados. Pero ya en selección nacional, un comentario de Paola Espinosa encendió una nueva meta para ella y comenzó a hacerla querer depositar toda su energía ahí: “Yo solo quería ser campeona mundial porque era lo que conocía. Pero Paola dijo que yo podía llegar a unos Juegos Olímpicos y que podía ser mejor que ella”. Entonces sí, “tuve que sacrificar ir a fiestas de mis compañeros, excursiones escolares, muchas cosas”.

Con poco más de dos años de entrenamiento, Majo conoció los podios: En su primer Nacional pasó a Olimpiada Nacional y ganó un Bronce en plataforma de cinco metros. Y no ha parado. Este año, ya con una mayor madurez, los metales comenzaron a caer (todos en plataforma de 10 m) como dulces de piñata: 7 medallas de oro en la Olimpiada Nacional, Plata en el Grand Prix Clavados Calgary, Canadá 2019 (al lado de Alejandra estrella), Oro en el Grand Prix de Clavados, Mission Viejo EEUU 2019, 3 Oros en el Panamericano Jr. de Santiago de Chile 2019 y el Bronce en el Mundial de Clavados Gwangju, Corea 2019 (junto a Diego Balleza), que la tiene en un sitio especial de clavadistas y con la esperanza despierta.

OT: ¿Cuando hacías esos largos trayectos, llegaste a quejarte con tus papás?

MAJO: “Yo nunca me he quejado, la verdad yo siempre he disfrutado mucho de estar en los clavados, me gustaba tener esa sensación de volar porque es lo que yo siento… es lo que muchos sienten”.

¿En qué momento supiste que debías comenzar a vivir en CONADE sin tus papás y qué sentiste?

«Fue cuando secundaria (a los 11), tenía que empezar a ir a competencias mayores. Al principio me dejaban solo de viernes en la noche a sábado por la mañana en CONADE, porque a mis papás se les hacía muy difícil ir por mí, sobre todo por el tráfico. Después de un tiempo Ma Jin me dijo que ya tenía soporte, que ya me podía quedar a dormir en CONADE y, la verdad, no recuerdo bien cuándo fue, pero no me costó trabajo porque tenía compañeras que me cuidaban, entonces no me sentía tan sola, sí extrañaba a mis papás a veces, pero no me costó tanto trabajo.

A ellos, según yo, tampoco les costó, pero no les gustaba mucho la idea de que me quedara en CONADE porque tenía mi casa».

Otro de los retos que María Elena y José Luis, su papá, enfrentaron, fue encontrar una secundaria por las tardes, para que Majo entrenara por la mañana.

“Mis papás no me querían sacar de la escuela. Hoy voy hasta Santa Fé a un instituto solo de mujeres. Hacemos como 45 minutos por la autopista, pero si hay tráfico, como una hora y cuarto. En la escuela me apoyan mucho si tengo que faltar por competencias con proyectos y tareas especiales”.

La ardua rutina de Majo, implica entrenar de cuatro a cinco horas por las mañanas y, cuando no va a la escuela, otras tres horas y media o cuatro por la tarde. En ese proceso, su familia creció, aunque ahora solo puede ir a verlos en fin de semana:

«Desde hacía mucho yo quería tener un hermanito o hermanita… mis papás me dieron la noticia y ¡yo no pensaba que fuera a tener hermanos gemelos! Yo estaba muy feliz por eso».

 

Pero a Majo solo le toca seguir creciendo.  

OT: ¿Me imagino que en CONADE te guían para saber alimentarte o cuántas calorías debes consumir?

MAJO: «De hecho, no podemos comer tantas calorías porque subimos de peso y perdemos elegancia o nos sentimos pesadas en el aire, entonces yo intento comer lo más nutritivo que puedo, muchas verduras, pocos carbohidratos, casi no como dulces.

Mi mamá siempre me ha cuidado mucho, siempre he comido muy bien, pero empecé a tomarle mucha importancia a esto el año pasado. Además, aquí tenemos nutriólogo».

En algunas disciplinas las atletas han sufrido trastornos alimenticios por el régimen tan estricto que deben llevar en las dietas. ¿Quién te apoya en el cuidado de tus emociones?

«Toda mi familia me ha apoyado siempre, mi abuelito Federico Moreno siempre me ha apoyado con la psicología, él era entrenador de futbol entonces sabe mucho de eso. Aquí también tengo psicólogo».

Pareciera que es tan fácil y elegante a la vez lanzarse de un trampolín o de una plataforma ¿cuáles son los principales obstáculos que una niña adolescente de tu edad pudiera tener para alcanzar las metas?

«La verdad no recuerdo muchos (silencio), no es que los olvide porque siempre hay un aprendizaje de eso, pero siempre intento concentrarme en lo mejor, en los que traen buenas actitudes, buenas vibras, buenos pensamientos…

Sin embargo, para una niña de mi edad, que está en un deporte de alto rendimiento, (un obstáculo) puede ser que no ves los resultados o que simplemente llega un momento en el que dicen: ‘ya no quiero estar aquí’ y se salen… o a veces continúan, pero ya no con tanta energía. Siento que a veces lo mejor sería tener en mente el sueño olímpico para siempre hacerlo con la mejor actitud posible.

(Cuando hay debilidad) yo pienso en los sacrificios que he hecho, que todo va a valer la pena y que al final se llega a algún lugar. Yo estoy pensando en Juegos Olímpicos y creo que lo voy a lograr».

¿Qué sentiste en Gwangju cuando te dieron tu medalla?

«Cerramos la competencia con broche de bronce, pero la verdad Diego supo calmarme y yo pude controlar mis nervios porque dimos un gran espectáculo e hicimos un gran trabajo, entrenamos mucho para esa medalla. Él también había sido campeón universitario Mundial unos días antes, así que veníamos con buen ritmo de competencia y al terminarla, estábamos esperando los resultados, se tardaron en darlos, yo estaba nerviosa, pero sabía que había hecho un buen trabajo y me sentía bien conmigo misma. Cuando vimos que íbamos en primer lugar, pero que faltaban los rusos y chinos, yo abracé a Diego y él a mí y esa emoción no se compara con nada del mundo, no se puede explicar. Antes de la premiación, yo veía mi mano y estaba temblando, con eso puedes saber más o menos cómo me sentía».

Cuando te saliste del papel de Majo en traje de baño y te fuiste a ser la adolescente de secundaria que llegó con uniforme a la escuela, la que había salido en los periódicos, ¿qué te hizo sentir?

«Me hizo sentir muy bien. La verdad mis compañeras me quieren mucho, siempre me reciben de una manera bonita, me felicitan y me apoyan. El verme en las noticias me motiva a seguir trabajando, a representar a México con los mejores logros posibles y pues representarlo en unos Juegos Olímpicos, es lo que más quiero».

¿Tienes algún sentimiento a cómo se apoya el deporte en México?

«Creo que hasta ahorita me han apoyado bien, no sé qué responder, sé que tengo una beca pero mi mamá también me apoya mucho».

¿Has pensado qué quieres ser de grande y qué le podrías regresar al deporte o si es ahí donde te vas a querer desempeñar cuando ya no seas clavadista?

«Sí lo he pensado, de hecho yo quiero ser psicóloga y especializarme en el deporte. Sé que de el deporte no voy a vivir; se me dificulta un poco la escuela por las faltas, porque a veces no entiendo las cosas, pero si me explican, entiendo rápido. Estoy centrándome en mis estudios porque sí quiero tener una carrera y un buen trabajo».

¿Qué sigue para saber si vas a Tokio?

«El siguiente año habrá un selectivo al Grand Prix, nuestra Olimpiada Nacional y el Mundial Juvenil, para más grandes selectivo a Copa del Mundo y ahí se da plaza para Juegos Olímpicos; creo que en individual son los primeros ocho y en pareja los primeros seis. El siguiente es un buen año, esperemos se den los mejores resultados para todos los equipos».

¿Si no se da Tokio, te plantearás cuatro años más?

Me veo en Tokio, siempre he dicho que los tiempos de Dios son perfectos, que si no se da, sabré que fue por algo, si no estoy en Tokio, seguramente me veré en París 2024.

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