TIGRES ES EL MÁS GRANDE EN LA LIGA MX FEMENIL

Se repitió la final regia después de un año en el estadio BBVA. Nuevamente, el equipo Rayado llegó como líder para cerrar en casa y buscar el campeonato que dejaron ir en aquellos penales sufridos del Clausura 2018. Ahora, sin llegar a la última instancia, Tigres consiguió su segunda estrella, al vencer 3-2 en el global a las Rayadas.

No es casualidad que los equipos que han apostado por su plantel desde su participación en cada jornada en sus respectivos estadios, hasta en las contrataciones para un torneo más, se vean las caras una vez más en una final.

El partido de vuelta arrancó con gran intensidad; apenas habían transcurrido cinco minutos y Tigres ya había generado llegadas a la puerta de Rayadas, sin embargo, las comandadas por Héctor Becerra, tuvieron la jugada más clara en el arranque del encuentro, la cual no lograron concretar y apenas alcanzó a sacar de la línea Selene Cortés.

Tigres continuó ordenado, atacando con calma, y así fue como en el minuto 9 cayó el gol de Blanca Solís después de un centro perfecto de Jaqueline Ovalle. La dorsal 19 fildeó de manera correcta, aprovechando la mala salida de la arquera Claudia Lozoya y dejó el balón en la red adelantando a las universitarias.

Rayadas tuvo propuestas, pero le faltó concretar todo el primer tiempo; ese ataque que no acabó en gol en los primeros minutos y que muchas en la banca ya festejaban, pareció haber sentenciado una vez más el campeonato.

Por su parte, Tigres continuó en el encuentro con una defensa bien parada y con una propuesta desequilibrante al frente; de esta forma, después de una jugada a balón parado que rebotó en el área tras un buen rechace de Lozoya, Jaqueline Ovalle prendió el balón con gran potencia dejando sin nada que hacer a la arquera.

A pesar de que el encuentro estaba por culminar en su primera parte, las locales no dejaron de insistir en la puerta rival, sin embargo, su goleadora Desirée Monsiváis, se encontró sola y desesperada como en los primeros 90 minutos de la ida.

Monsiváis lo intentó una y otra vez, lograba recibir de manera correcta pero no concretó, y los balones se iban a un lado o arriba de la portería; era raro que alguien más la acompañara o le lanzara centros certeros a la número nueve de Rayadas.

Para la segunda parte, las locales lograron tejer mejores jugadas buscando el gol, apoyadas de Daniela Solís que entró a refrescar la delantera rayada, tomando el lugar de Dinora Garza. Pero a pesar de la insistencia al frente, las cosas no estaban tranquilas en su portería y Lozoya con una mala salida, comprometía una vez más su red y aumentaba el nerviosismo de la escuadra.

La arquera repitió errores que pusieron abajo al equipo tanto en los cuartos de final con Pumas en la ida, partido que pudieron remontar, como contra Pachuca, de igual manera en la ida, donde finalmente lograron acortar distancia.

La insistencia de Rayadas fue constante hasta que en el 67´cayó el gol de Alicia Cervantes, el cual revivió la esperanza del título que se le ha negado a las Rayadas frente a su acérrimo rival.

Minutos más tarde, aún con ganas de llegar a la tanda de penales, entró al terreno de juego Noralí Armenta por Selena Castillo, tratando de repetir la hazaña de hace un año, cuando empató el encuentro en el mismo estadio.

El encuentro se tornó trabado, con mucho choque y muchos golpes por ambas escuadras y el tiempo se le iba de las manos a las jugadoras de Rayadas de Monterrey.

El experimentado Tigres, que ha estado en todas las liguillas y en tres finales consecutivas, aprovechó los minutos con el marcador a favor y con posesión de balón y total control de juego, no se dejó empatar al estar muy bien parado, con marcaje de dos o tres contra uno.

Aunque al ataque universitario se le acabaron las piernas para generar más peligro y aumentar el marcador, la final quedó con un gol a favor y Tigres se convirtió en el primer equipo de la Liga MX femenil en conseguir dos títulos de liga, demostrando trabajo, inversión, talento y una garra que ha caracterizado muy bien al conjunto de Ramón Villa Zevallos.

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