PUÑOS QUE CUMPLEN PROMESAS

A Guadalupe Martínez le brilló la sonrisa cuando dieron el veredicto: una decisión dividida ante Yessica “Kika” Chávez le daba por cuarta ocasión el campeonato supermosca del Consejo Mundial de Boxeo. Su mamá subió al ring para darle un beso; también lo hicieron sus hijos: Jimena, de nueve, y Jacobo, de 10. Se abrazaron como si fuera la primera vez. Lupita hizo muecas entre risas y llanto, la euforia no solo tenía que ver con el cinturón, el triunfo le daba, por fin, la oportunidad de cumplirle una promesa a su hijo. Y de eso trata esta historia.

También de los golpes que se deben recibir para hacerla realidad. En México, las mujeres boxeadoras pelean en un mundo de contradicciones. Logran ser vitoreadas arriba del cuadrilátero, pero cuando bajan, la mayoría se rasca los bolsillos para pagar las cuentas. La historia de Lupita comienza en Tlanepantla de Baz, un Ayuntamiento donde el 70 por ciento de las personas que acuden a los institutos de equidad, son mujeres agredidas por sus parejas. Pero Lupita no es casada. Fue madre a los 17 años por primera vez y de nuevo cuando tenía 18.

A pesar de su corta edad, Lupita no se cuestionaba acerca de su maternidad, hasta que un golpe encendió los focos de alerta: su hijo Jacobo nació con una oreja que no se formó bien, obstruyéndole el sentido del oído. En ese entonces lo veía como un defecto y le generaba remordimientos:

“Me sentía culpable, pensé que quizá no tomé el ácido fólico suficiente, incluso que había comido algo que no estaba bien. Al final de cuentas, el bebé había estado dentro de mí”. Luego visitó varios médicos. En ese proceso, una doctora pudo frenar sus pensamientos negativos:

–“Tú no tienes la culpa de nada, esto sucede y ni siquiera nosotros los doctores sabemos por qué”.

“A partir de ahí sentí paz total y es un tema que siempre he hablado con Jacobo. Soy realista, sé que va a la calle y la gente lo ve a cada rato, se fijan, sé que en la escuela se han de reír de él y sé que en algún momento la llega a sufrir, pero yo le digo: ‘tú no eres una oreja, eres más que eso’”. Cuando lo escucho decir que no le importa, siento que es fuerte y pienso que lo puede sobrellevar mejor que si yo fuera él a su edad”.

Los cuidados de Jacobo y Jimena para que Lupita entrene previo a las peleas, se los turnan entre su hermana, una amiga y su madre, Dominga Guzmán. Ella está acostumbrada al trabajo, aunque no toda la vida se desempeñó dentro del hogar, “siempre lo hizo en fábricas como obrera y mi hermano mayor Miguel se encargaba de llevarme al kínder”, dice Lupita, la menor de los cuatro hijos -dos hombres y dos mujeres- que su mamá también crió soltera.

Lupita recuerda las carencias de aquel entonces, pero como si fueran una caricatura de la infancia. Prefiere quedarse con el sentimiento de crecer “en una familia sin vicios, ni pleitos”. Por eso cuando quiso ser boxeadora, su mamá no estaba de acuerdo. Le parecía raro.

“Es que llegué por casualidad. Tenía clases extra después de la prepa de wushu, era muy novata. Un día un señor se me acercó porque quería que yo boxeara con su hija, pero en otro gimnasio. Yo no sabía mucho, pero me emocioné, ella tenía ya peleas y le gané. Después se me hizo fácil quedarme, además, me cuidaban y consentían mucho”.

El salto profesional llegó pronto: cuando Lupita tenía 20. Su debut fue el 7 de julio del 2012 en Guerrero, sin embargo, el gran pleito que la llevó a las estelares fue la derrota de hace dos años ante la campeona, Zulina “Loba” Muñoz, quien llevaba diez defensas de cinturón supermosca CMB:

“Yo me describo como una persona muy aferrada”, dice Guadalupe. Y se apega a las letras: “La Loba iba muy confiada, le daban tranquilidad sus diez defensas… pero ese era su asunto”. Lupita se sabía la ‘no favorita’, la que llegaba con nueve derrotas y, sin flashes, después de cinco años en el boxeo, pero con determinación: “Desde que me dijeron que iba a pelear con la Loba, pensé que le iba a ganar”. Luego se enteró de que Zulina habló de no acomodarse a su estilo, “dijo que le di cabezazos”. Una campeona necesita proteger el honor.

Pero Lupita pelea para estar en el ring y defender lo suyo: “Yo tengo hambre de sobresalir, de trascender”. Ella sabe que en el boxeo profesional no se pone los guantes para marcar puntos como en al amateur, “aquí te lastimas, hay sangre, pero hay que ir hacia adelante; hay mucho de por medio: lo económico, una meta, poner más esfuerzo, querer pelear con la persona que admiras”.

Después de ganarle a la Loba, Martínez dejó de jugar al boxeo. Logró cuatro defensas exitosas con duros entrenamientos y con el apoyo de su mamá y sus hijos. “Yo siempre les dedico mis cinturones a ellos; cuando lo gané por primera vez, quería dejarles claro que después de nueve peleas perdidas lo seguí intentando, quería que valiera la pena dejar un diez de mayo y que lleguen a la escuela y digan ‘mi mamá es una campeona’”.

Los días complicados, esos en los que solo puede llegar a dormir para relajarse sin ánimos de ir al parque, son cada vez más comprensibles para sus hijos: “Hay días pésimos en los que no te sale ninguna combinación”, pero Lupita no afloja. “Gracias a Dios con el boxeo no he tenido que salir a buscar un trabajo”.

Es en esos ratos de descanso cuando puede platicar con sus hijos. Hace poco, un comentario de Jacobo le ayudó a recordar su antigua promesa: “Me dio mucha ternura cuando mi hijo me dijo que se había decidido a que lo operaran de la oreja. Yo siempre le había comentado que se podía si él así lo decidía. De todos modos, le pregunté si lo molestaban en la escuela, pero su respuesta nos desconcertó a todos.  Se había enfermado de la garganta y me dijo:

–“Es que se me cae el cubrebocas”…

Y decidió que el dinero de su última pelea ganada fuera para su operación.

 

DEFENSAS DE LUPITA MARTÍNEZ

Venció a Zulina “Loba” Muñoz en mayo 2017 (primera defensa)

Venció a Irma “Torbellino” en febrero 2018 (segunda defensa)

Venció a la argentina Yulihan Luna en noviembre 2018 (tercera defensa)

Venció a Yessica “Kika” Chávez en abril 2019 (cuarta defensa)

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