RETRATO DE UNA FUTBOLISTA: Karen Lozoya

Esta es la historia de Karen Lozoya, futbolista amateur mexicana, que desde sus adentros cuenta por qué no quiso formar parte de la Liga Mx Femenil. Y así.

Hay días en que te levantas de madrugada, y es que no tienes horarios fijos en tu trabajo como enfermera, pues cada dos semanas cambian, sin embargo, hay cosas que nunca lo hacen en tu día a día: jugar futbol e ir al gimnasio, además del tiempo que pasas con tus sobrinos, quienes ven en ti un ejemplo. 

A los 12 años te enamoraste del futbol, tres veces por semana te forjabas el carácter con los gritos de Armando Magaña, ese personaje que amas y odias, porque sabes que sin él no serías la futbolista de ahora. Competiste en Olimpiadas Nacionales y no sólo te limitaste a participar, sino a colgarte medallas de oro.

Fuiste parte de un equipo que ya se antoja histórico para el futbol amateur como es Real Celeste y con él has vivido grandes hazañas, desde participaciones en Superliga, Liga Mayor Femenil, hasta campeonatos en Copa Telmex. En 15 años de trayectoria con la pelota has pasado por las mieles del triunfo, la amargura de la derrota y el dolor de las lesiones, pero es tu vida, de eso no hay duda.

La gran noticia

Es 5 de diciembre de 2016 y parece como cualquier otro, tu rutina se limita a la escuela y al deporte… entras a Facebook para matar el tiempo, pero no cuentas con que verás la noticia de la creación de la Liga MX Femenil. El corazón se te acelera de sólo pensar que la oportunidad con la que soñaste ha llegado. Sí, primero piensas que es una broma, pero también de inmediato te imaginas en un estadio repleto de gente coreando tu nombre, así como se ve en la televisión. ¿Por qué no?

Le dices a tus compañeras y como tú, no pueden creerlo. Emoción. Ganas. Euforia. Pasan algunos días y el momento se apaga cuando te enteras que hay un límite de edad, será Sub-23. Tienes 24 años y eres consciente de que tendrás menos oportunidad de quedarte. Aun así, lo intentas, con base en coraje y en la ilusión que provoca ser parte de algo sin precedentes.

Te comienzas a dar cuenta que no es tan bonito como creíste al principio. Primero es Pachuca. Un sí como respuesta. Quieren tu talento. Lees el contrato y no es lo que esperabas. Dos mil pesos, máximo 2 mil 500. Una beca de licenciatura, pero tú quieres un posgrado. Desilusión.

Sigue América. Entrenamientos, más entrenamientos, pero cierran la puerta. No hay oportunidades en El Nido. Ya tienen a sus jugadoras. No quieres desistir y vas a Toluca. “No tenemos para tus gastos”, te dicen. Más desilusión.

Por meses te guardas la esperanza por esta pasión. Te enfocas en tu trabajo en el hospital, pero una llamada te hace recobrar el entusiasmo. Te quieren en Cruz Azul. Mismas frases, “no hay presupuesto”, “a veces hay dinero, a veces no, pero tienes que venir”. Otra vez dices no, ante todo, tus aspiraciones personales y la dignidad.

El futbol es parte de ti, pero si no es en la Liga, no pasa nada. La vida sigue. A veces juegas todos los días en el llamado futbol amateur, ese de las canchitas de fut cinco, seis o soccer. ¿Una buena semana? Hasta seis mil pesos en ganancias y por hacer lo que amas, ¿qué más le puedes pedir a la vida? Sí, sabes qué más, jugar en Primera División Profesional, donde irónicamente ganan menos que tú en el futbol amateur o en las conocidas “talachas”.

Cuando fuiste a las visorías te diste cuenta. No conocen el futbol femenil mexicano. Si lo conocieran, sabrían que afuera se gana más, tú mejor que nadie lo sabe. Les hablaste de tu currículum, de tus campeonatos, de tus equipos, pero no les importó. ¿Por qué? Desconocimiento.

Te sorprendió que no conocieran al Tec de Monterrey, Andrea’s Soccer o a la UDG, te sorprendió que otras jugadoras como tú se quedaran fuera porque no reconocen su trayectoria. Sabes que no es justo que un club profesional pague tan poco. Y no, no esperas contratos millonarios, sólo lo justo, por el trabajo que amas.  ¿2 mil pesos? Los ganas en un partido de liga amateur.

El desconocimiento impera. Sabes que los clubes no se acercaron a las personas correctas, aquellas que saben de futbol femenil. Pese a ello, algunas de tus compañeras aceptaron esas condiciones, quizá por la ilusión o por el orgullo de decir que juegan en Primera, también porque cuando dejen de hacerlo, su valor crecerá en el amateur.

Sabes que es triste que el nivel del futbol femenil de la Liga no sea el que realmente se puede ver en otras canchas, pero eres consciente que esto es en gran parte a causa de las malas condiciones para las buenas futbolistas, quienes, como tú, prefirieron hacerse a un lado, esperando que algún día, no muy lejano, la regla de mayores y el poco interés de algunos clubes se desvanezca y se convierta en impulso, difusión, publicidad, porque hasta ahora, son las jugadoras quienes hacen su publicidad, como lo hacen Priscila Gaitán o Mariana Zárraga de Cruz Azul… entonces, sueñas, sigues soñando con que esto cambie pronto, y vuelves a decirte ¿por qué no? Esa imagen mental en la que la hinchada corea tu nombre… “¡Lozoya, Lozoya!” o aquel momento ilusorio en el que un derechazo tuyo manda a sacudir las redes en el minuto 90 siguen latentes. Te ves jugando siempre y si esa oportunidad llega, la tomarás. Pese a todo, tu sueño, el de Karen Lozoya como futbolista profesional, sigue intacto.

Comments
  • PABLO
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    Es muy triste pero es real, 2,000 es una grosería y pensar que a los jugadores (hombres) profesionales le pagan cantidades altas por tratar de engañar al árbitro o revolcarse 5 minutos cuando apenas y los tocan. A comparación de los equipos femeniles que se entregan en cada partido a pesar de no entrenar y tener un proceso de formación como los varones.

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