CORRER HASTA EL FINAL

“Una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar al final, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare.”

Santa Teresa de Jesús.

Toronto 2017

Desde la primera reseña que leí, cuando no corría ni 15 km, se inyectaban en mí una emoción y motivación impresionantes, al grado de tener ganas de llorar de saber cómo vivían y enfrentaban el Maratón y cómo era la carrera de sus vidas, sin embargo, no imaginaba el momento en el que redactaría mis propias líneas.

Complemento

Sólo corría para ser más fuerte, tener mejor condición física, dar mi 110% en los entrenamientos de futbol -para lograr ser titular en el Representativo de la UNAM- y para, como consecuencia, lograr aquel pase a Universiada Nacional UDG 2016, que marcó mi vida.

Pasó tiempo, crecí un poquito, empecé a trabajar y tuve que dejar el taekwondo. Del futbol, sabía que me quedaban escasas semanas debido a que terminé la carrera (cómo dolió) y se acabó lo que hasta ese momento conocía como “competencia”.

¿Y qué seguía si no me sé estar quieta? Si estoy acostumbrada a estar activa y buscar ganar. ¡Pues me quedo con “Los Coyos” mientras veo si regreso a entrenar Taekwondo o mientras decido qué pasará con mi vida deportiva! Nunca fueron mi primera opción. Pero, sin tener idea, empezó la mejor parte. No sabía que competir contra mis propias marcas y miedos, me iban a hacer crecer tanto.

De pronto ya iba más días a correr, ya quería hacer un kilómetro más que el domingo anterior y lo más importante, ya me parecía, como hasta ahora, una bendición poder reírme a carcajadas desde las 5:30 am, mientras el resto del mundo dormía. Y eso es para mí, una ventaja enorme ante la gente “normal”.

Seguí corriendo

Me pasa que la adversidad me aferra a las cosas y esta no tardó en llegar. Primera lesión de rodilla en Junio 2016, la banda iliotibial no me dejó correr mi primer Medio del Día del Padre. ¿En serio Estefanía, te dieron miedo 21 kilómetros? Pues eso parece. Aunque podría decir que no tenía los tenis adecuados y que mi cuerpo se estaba acostumbrando al peso de las distancias, algo me traicionó.

Mi ñoñez en las terapias me hicieron salir de esa lesión súper difícil como de dos meses. Pero siempre hay cosas peores y la siguiente lesión vino más ruda. Octubre 2016, meniscos y cartílago patelar rotos y nos vamos al quirófano. ¿Y ahora qué? Toda la vida en deportes de contacto y jamás me rompí ni una uña, ¿Y real, en una “reta” me rompí la rodilla?

Estaba a punto de tomar una decisión muy importante y me estaba cagando de miedo, (perdón, pero “muriendo de miedo” no suena ni refleja lo difícil que fue salirme de mi casa y enfrentar una situación complicada con mi papá) porque conseguir nuevo trabajo, vivir sola y todo lo que venía, no me daba tanto miedo –en ese momento– como dejar una relación dañina de 25 años. Pero esa operación no me iba a detener, lo necesitaba.

De sentirme vulnerable, débil y muy asustada dentro del quirófano, que realmente es de las peores experiencias de mi vida, pasé a sentirme muy muy fuerte en cada terapia. De llorar para recuperar flexión cuando el doctor llevaba mi pierna a la pompa y de un dolor impresionante que nunca había sentido, pasé a sentirme muy feliz cuando mi músculo crecía de nuevo.

“El músculo se tiene que desgarrar para crecer.” (Karla Souza, 2015). Regresé a correr antes de cumplir un mes de operada y ya estaba muy segura y aferrada para lo que venía.

Mi año, 2017

Empecé a vivir sola, todo empezó a fluir, me fui de viaje, por primera vez pagado por mí y no recuerdo bien el momento en el que comencé a bromear con un Maratón. El niño siempre me decía: “Ámsterdam y Toronto son los más planos”, y yo jugaba, “¡pues vamos a Toronto!”.

La apuesta con Kuri de dejar el alcohol abrió la puerta para que el Maratón fuera un plan real. “¿Cuánto a que no puedes dejar de tomar de aquí al Maratón?”. “Claro que puedo”, contesté. Pero, no tenía ni dinero ni trabajo ni la certeza de querer correr 42 km.

Pero sí dejé el alcohol los siguientes ocho meses y seguí entrenando. En el intermedio de carreras a las que me inscribí ese año, hasta organizaba la lista de los que iríamos a Toronto y cuando hablábamos en serio, mi respuesta era: “no voy a poder, aún no tengo trabajo”.

Una vez más, qué “dulce es el fruto de la adversidad […]” (William Shakespeare). Entré en una desesperación terrible. No encontraba trabajo y no sabía en qué ni donde quería hacerlo, pero me urgía. No sabía para qué era buena, nada me convencía y mis ahorros se terminaban.

No estaba logrando nada y mis rodillas volvieron a fallar una vez más para el Medio Maratón del día del Padre. Como dos semanas de descanso, más una gripe terrible, me dejaron fuera del entrenamiento y el Maratón no era para nada prioridad.

Pero terminaron las excusas. Conseguir trabajo a finales de junio, fue clave para decir, “¡me inscribo a Toronto!”. Siempre voy a estar súper agradecida con el coach y Fa, por su tiempo, consejos, apoyo y calma.

Ahora sentía que tenía que hacer un sacrificio por haber conseguido trabajo, como devolverle a la vida el sufrimiento de 42 km por darme algo. Sí, soy un poco rara. Pero estaba contenta, motivada y ese julio me decidí y me inscribí. Tenía un reto más en la vida.

Su compañía hizo muy llevaderos los duros entrenamientos, la hora que hacía de regreso del Bosque al departamento trataba de disfrutarla escuchando música a todo volumen. De verdad, estaba muy motivada. No sentí el cansancio y los nervios hasta pocas semanas antes de irnos a Canadá.

Los 42 km

Había escuchado tantas opiniones de lo que es un Maratón y tantos consejos, que llegué con una expectativa altísima de los 42 km. Pensé que iba a sentir la felicidad más grande del mundo, que iba a sufrir, que iba a llorar y que iba a tener un millón de emociones a tope, tanto positivas como negativas.

Pude dormir perfecto la noche anterior y no sentí el vacío de nervios que había experimentado en todos los torneos de futbol, taekwondo, e incluso en los últimos 26 km del Tune Up. No sabía porqué, pero no estaba tan nerviosa. Aún así, sabía que el Maratón merecía respeto y como iba a algo desconocido, decidí escribir en mi brazo: ERES MUY PINCHE FUERTE. Recordar mi fortaleza no me iba a dejar parar, por si llegaba a pensarlo.

Y empecé a correr. Disfruté a la gente hermosa que apoya. Los carteles con mensajes emotivos y chistosos fueron mi máximo. Los gritos de “Vamos México” de cualquier desconocido, me daban mucha alegría. Los kilómetros llegaban súper rápido, parecía que cerraba y abría los ojos y ya había corrido 15 kilómetros más. Comencé corriendo a 5´30´´, cosa que no había hecho nunca y hasta el kilómetro 30 no subí de 6´.

Obviamente, llegó el momento en que mi cuerpo ya no aguantaba. Me empezaron a doler muchísimo la cadera y las ingles, me pesaban mucho mentalmente los caminos de ida y vuelta y sufría por ya querer estar del otro lado, me estaba desesperando.

Pero no hubo ni un sólo segundo en el que pasara por mi mente desertar, nunca nunca lo pensé. Tuve que caminar después del km 31, pero unos metros después regresé al trote que mi cuerpo podía. Me daban ganas de llorar del dolor, pero sentía que si lloraba, no iba a poder ni respirar y más me iba a tardar en llegar. Así que aguanté.

Por fin el kilómetro 40. Ver a Diana y a Joss me llenó de felicidad. “Te ves entera”, “te falta la vuelta de calentamiento en el bosque, ya no es nada”, “Tú puedes Estef”. Otra vez ganas de llorar, ahora de alegría, pero aún así, aguanté porque me dio pena. Joss corrió conmigo el último km y cerré súper motivada; por su compañía y por la gente que volteaba a vernos impresionada (obvio por ver a un niño llegando a la meta) pero me hizo sonreír mucho.

Creo que no puedo comparar la sensación que he sentido al anotar un gol en un partido importante o dar una patada a la cara en combate, pero sin duda sé que logré algo increíble, que tengo que volver a hacer y que me da una rayita más de poder. Gracias por hacerme lograr una meta tan grande, por ser un gran motor en mi vida.

La disciplina, constancia, tolerancia, fuerza, ganas de ser mejor, competencia y coraje que tengo y demuestro en cada ámbito de mi vida han sido TOTALMENTE por el deporte. Me ha dado las mejores alegrías y experiencias.

Los quiero y admiro impresionante.

“Un día a la vez, un km a la vez”

Estefanía Carmona.

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