LAS LECCIONES DE ADA HEGERBERG

Por Olga Trujillo

El momento en el que Ada Hegerberg, jugadora noruega del Olympique de Lyon, apareció en el escenario para alzar el título del Balón de Oro, representaba un avance en la historia de las mujeres dentro del balompié: Por primera vez una futbolista recibía este galardón después de 62 años.

Los aplausos dentro de un salón, donde durante todo ese tiempo se habían reunido a figuras del futbol solo para premiar a hombres, rompía en palmas tras presenciar un momento emblemático.

Sin embargo, solo unos minutos más tarde, el presentador de la noche, el DJ Martin Solveig, le dio un giro al momento simbólico: “¿Sabes hacer twerking?”. “La cara de hartazgo de Ada Hegerberg lo dice todo” comentó la periodista @Mamen_Hidalgo en tuiter como muestra de estar a favor de un trato equitativo o: “Las deportistas ya están mal pagadas y tienen un perfil bajo, y luego, en su momento de gloria, cuando simplemente deberíamos estar celebrando su grandeza, tienen que soportar esta basura” (Aimee Paige).

Las palabras que Hegerberg había dedicado momentos antes a las jugadoras más jóvenes para cerrar su agradecimiento quedaron opacadas: “Crean en sí mismas”, había dicho.

Aún peor, los logros (individuales y colectivos) por los que fue considerada para el Balón de Oro a sus 23 años dentro de una lista de 15 jugadoras, parecían minimizados:

Fue elegida como la mejor jugadora por la UEFA en 2016 y 2018, es bicampeona de Liga, mejor jugadora por la BBC 2018, mejor deportista en Noruega y –además de quedar como la máxima goleadora con 15 anotaciones—este año también se coronó campeona de la Champions femenina por tercera vez consecutiva.

La historia de Ada no camina sola. Se acompaña con la “vueltecita” que el presentador de televisión le pidió a la tenista Eugenie Bouchard, tras ganar el Australian Open, el reportero que le dio el crédito al esposo y entrenador de Katinka Hosszú (medallista de oro olímpica y batidora de récords en natación) como “el responsable de sus logros”, hasta el titular de un medio mexicano que apuntó: “El mundo podría perderse la belleza y sensualidad de Paola Pliego”, pues la esgrimista no había podido viajar a Nueva York a una Copa del Mundo.

Hacer uso del cuerpo de las mujeres en el deporte para ganar clicks o subir raitings, infravalora sus logros, las subrepresenta, más aún si se hace desde eventos donde tienen que compartir los escenarios con hombres. Sucede en Francia y en México. Se avanza en unas cosas y se retrocede en otras. Hegerberg quedará en la portada de la revista France Football como “Por Siempre Pionera”, pero la tarea no termina ahí. Las disculpas no son suficientes.

EN LO PERSONAL

Fue un honor ser miembro del jurado (conformado por 40 periodistas de todo el mundo), para emitir el voto de la mejor jugadora como representante de México. Es por ello que creí importante dejar constancia de lo sucedido en la noche que Ada Hegerberg ganó el Balón de Oro, a quien, por cierto, elegí.

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