IMPARABLE: EL RETO A MÍ MISMA Y AL “SJÖGREN”

¡Terminé el reto Juntas Imparables!. Debo reconocer que cargaba una bolsita llena de dudas, miedos y preocupaciones, pero que al final desaparecieron casi desde que corrí los primeros kilómetros… ¡y sudé! El Squad “Oh Diosas” tuvo una baja en los primeros días, pero luego encontramos por Instagram a una gran suplente. Éramos: Diana Pérez, subdirectora del diario deportivo Récord (quien me invitó) y que durante el reto ¡corrió 42 kilómetros en el maratón de Chicago!; Paola G., mamá de una bebé de ocho meses de nacida; Melissa O., que justo este fin de semana ¡correría 50 k en montaña! y yo.

Es momento de contarles algo muy personal: Acepté participar no solo para retarme a mí misma sino a una enfermedad crónica autoinmune que por alguna razón ataca células sanas de mi cuerpo y que, principalmente, me provoca resequedad ocular y oral (entre otros tantos síntomas que se podrían hasta enlistar), se llama Síndrome de Sjögren, el mío es Primario (SSP).

Les cuento mi caso porque si alguien por ahí a quien le guste el deporte, está leyendo esto y padece lo mismo (o no necesariamente), quizá puede conectar con la idea de que haber corrido 42 kilómetros en seis semanas sin decaer en alguna crisis propia del síndrome, nadar otros tantos minutos, andar en bicicleta y cargar un poco de pesas, ¡ha sido como subir al podio!

Otra cosa importante: 90 por ciento de los casos de personas con Sjögren en el mundo son mujeres a partir de los 40 años. Los números (en La Jornada) indican que más de un millón de personas son afectadas en Estados Unidos, aunque la Sjögren´s Syndrome Foundation apunta a 4 millones y, por alguna razón, en México no existen estadísticas sobre su frecuencia. Quiero pensar que una de las causas de la falta de información en nuestro  país es porque, al menos a mí y a un par de mujeres que he conocido con el mismo síndrome, nos sucedió que los síntomas pueden confundirse con otros padecimientos como tiroides, anemia, fatiga crónica o incluso con fibromialgia, por ejemplo. De hecho, yo tardé dos años en tener un diagnóstico con el nombre del “posible padecimiento” y unos seis meses más en aceptarlo. Eso sucedió hasta que decidí renunciar a mi trabajo como profesora, escuchar mi cuerpo y darle lo que me pedía. Calma.

De ese tiempo a la fecha, he comprendido que parte de la ecuación en la vida es enfrentar los retos con presencia y conciencia. De nada sirve viajar al pasado o al futuro para rascar los porqués de un asunto que puede controlarse con los pensamientos (si no lo hubiera experimentado, no me atrevería a decirlo). ¡Y ahora veo que con las piernas en movimiento también!. Me gusta el deporte y cuando supe de “don Sjögren”, como a veces le llamo, el nombre no me sonó tan extraño porque no mucho tiempo atrás había leído que la tenista profesional Venus Williams vivía el mismo síndrome. Así que, mientras yo me lamentaba desde la cama muerta de cansancio por la triste decadencia de mi participación en el deporte, asfixiada por completo por mi tema de salud, viendo pasar consultorios de distintas especialidades y un tratamiento tras otro sin provecho, miraba también cómo Venus regresaba a la cancha y que, no solo iba a cascarear, ¡sino a jugar en el más alto nivel!.

Inspirada por ella y en unos de esos buenos días, me di a la tarea de hacer un recuento. De tomar mis maletas de una vida pasada y tirarlas por la ventana. Me reinicié, decidí atenderme finalmente con un solo doctor (Ignacio Martínez de Esfera Médica) que además de maravilloso y de recetarme mimos, me mandó terapias de nuevas tecnologías aplicadas a la salud. Con eso, y con la sonrisa de mis pequeñxs, me resignifiqué incluso como madre. Ya se habían acostumbrado a verme tumbada frecuentemente por todos lados porque el gas se me acababa a media tarde, comer poco, perder peso y cabello, tener olvidos, arrastrar los pies… fue una etapa incómoda y hasta de preocupación para todos.

Por supuesto que no estoy aquí para auto retratarme como su única heroína –sabrán que me han festejado con porras y felicidad por verme hacer ejercicio– y tampoco me impongo para decir que todas las mujeres con Sjögren deberían hacer lo mismo que yo, no, lo hago para liberarme de esta secuencia de imágenes de mí misma y para ofrecer mi energía si alguien la ocupa porque, de hoy en adelante, no pienso descansar ni negar al Sjögren, más bien quiero retarlo y contarle a todas las mujeres que conozca allá afuera con SSP que, si logras entenderlo y te esmeras en llevarle el discurso contrario, ¡es posible ser imparable!

UN FAVOR:

Si conoces a alguna mujer con Sjögren, te agradecería darle mi nombre y correo diosasolimpicas@gmail.com, tal vez una charla para compartirnos tips mutuamente no estén de más.

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