ENSAYO: DERECHOS LABORALES DE LAS FUTBOLISTAS (PARTE I)

Durante seis años hemos hecho del deporte femenil nuestra disciplina de alto rendimiento. Sobran historias que contar y temas para desarrollar, así que queremos entrarle al ensayo porque ir hacia el fondo importa y no se diga en la cuestión de Derechos Laborales de las mujeres futbolistas. Hagan sus apuntes, esto apenas empieza (con la historia del futbol femenil en México), desde ya nos preparamos para la Copa Mundial Femenina del 2019 y qué mejor que con el texto de nuestra nueva colaboradora: Susie Romero.

Suena el silbatazo para las futbolistas mexicanas: inicia el partido

El género femenino siempre ha estado ligado al futbol, ya sea como madrinas del juego, dando la patada inicial, posando para la memoria gráfica junto algún jugador, acompañando a las autoridades deportivas de cualquier latitud o simplemente para ilustrar las páginas de revistas dirigidas al público masculino. En todos los casos fue como objetos meramente de ornamento.[1]

Existen noticias de equipos de futbol femenil en México desde 1957, aunque estos nunca llegaron a formar una liga y desaparecieron en poco tiempo porque no existía ningún respaldo oficial.[2]

En 1969 se inauguró el Primer Campeonato de Futbol Femenil[3] pero resulta incomprensible creer que se jugaba en las mismas condiciones que los futbolistas hombres, quienes incluso acababan de competir en los Juegos Olímpicos de México 1968. En el Primer Campeonato para mujeres los partidos duraban 60 minutos, se jugaban dos tiempos de 30 y el descanso era de 10 minutos. La forma de fijar los límites de la cancha era muy distinta a la oficialmente utilizada por el futbol masculino: los tiros de esquina se pateaban desde el ángulo donde termina el área de la portería (hasta abril de 1970 se empezaría a cobrar el tiro igual que los hombres). Dicho torneo se llevó a cabo en canchas que no estaban bajo la jurisdicción de la Federación Mexicana de Futbol, pues su reglamento prohibía toda participación femenina en espacios deportivos bajo su autoridad.[4]

El 29 y 21 de diciembre de 1969 se llevó a cabo la primera transmisión de un partido de balompié femenil por televisión, con el encuentro América Azul contra el Ixtacalco.[5] Era tanta la euforia que se publicó un teléfono en el periódico El Heraldo, para que se inscribieran las mujeres interesadas en jugar en algún equipo, tanto de la capital del país como de las demás entidades federativas.[6]

El 24 de febrero de 1970 se constituyó la Asociación Mexicana de Futbol Femenil (AMFF) A.C. o también Asociación Mexicana de Soccer Femenil afiliada a Acción Deportiva (que en 1999 se convertiría en el Instituto del Deporte del Distrito Federal). La Federación Internacional Europea de Futbol Femenil (FIEFF) o Federación Internacional de Futbol Femenil (FIFF), creada en febrero de 1970, giró a principios de abril de 1970 una invitación a la AMFF para que enviara un representativo femenil a un mundial organizado en Italia.[7] La notificación fue bien recibida, pues con apenas cinco meses de jugarse oficialmente el futbol femenil ya se presentaba una gran oportunidad.

A pesar de todos las dificultades y obstáculos económicos para viajar a Europa, la falta de canchas para entrenar, carencia de uniformes, balones, medicamentos, zapatos adecuados para jugar futbol y en general vestimenta que pudiese ser digna de una representación nacional en otro continente, la negativa de la FMF ante la posibilidad de afiliación y apoyo económico (más allá de los únicos 10 balones que recibieron por parte de la Rama de Primera División de la Federación), fue la FIEFF junto con la Federación Italiana de Futbol Femenil (la cual pagó el boleto de regreso de Italia a México) quien solventó los gastos de pasajes, estancia y alimentos[8], ya que las autoridades deportivas de nuestro país no contribuyeron.[9]

La selección femenil mexicana causó tanto furor e impresión que México se convirtió en candidato para la sede del Segundo Campeonato. La FMF consideró impulsar al futbol femenil a través de espacios para que jugaran de forma preliminar a los partidos de los hombres, por lo cual la Federación pidió la opinión de la FIFA.

La Dirección General de Actividades Deportivas de la UNAM fue quien anunció un homenaje para las jugadoras mexicanas.[10] El inmueble donde se llevó a cabo dicha celebración era propiedad del Departamento de Actividades Deportivas de la UNAM y no del club Pumas, por lo que la FMF no pudo hacer nada al respecto, a pesar de haber emitido comunicados de prensa[11] para reiterar que mientras la FIFA no contestara sobre el destino del futbol femenil, no se podrían utilizar los campos de equipos varoniles para tal aspecto.

Aunque llegó la respuesta de la FIFA para permitir el registro de clubes y ligas femeniles, la FMF no contaba en sus reglamentos con algo relacionado al futbol femenino. En los meses siguientes, se efectuaron diversos partidos con selecciones de otros países. El aspecto económico cobró importancia, pues se insistió en el gran provecho pecuniario que los organizadores obtuvieron y más considerando que a las jugadoras no se les dio nada del dinero por los derechos de transmisión por radio y televisión.[12]

México consiguió la organización del Segundo Campeonato Mundial Femenil de agosto de 1971, el cual se llevaría a cabo en el Estadio Azteca y Jalisco; para este Campeonato no se pidió ayuda ni a la FIFA ni a la FMF. Se fundó la Federación Mexicana de Futbol Femenil (FMFF) la cual llegó a tener como afiliados a más de 20 entidades del país y una suma de cerca de 1000 equipos femeniles.[13]

Para el Mundial de 1971 en México se implementó la comercialización de los boletos, programas de televisión especiales y cronistas deportivos, se vendieron recuerdos del Campeonato en los alrededores del Estadio Azteca; las porterías de dicho estadio fueron pintadas de rosa y blanco y atrás de las porterías se colocaban macetas con rosas amarillas, había espectáculos en el medio tiempo, había ya clínicas determinadas para atender a las jugadoras en caso de lesiones, ya se podían hacer los saques de banda con las manos (previamente se hacían con los pies como un tiro directo) y todas las delegaciones llevaban un árbitro representante de su federación.

El torneo en México fue un éxito económico pues los organizadores recuperaron de inmediato la inversión de la publicidad desplegada en torno a la competencia, las jugadoras mexicanas solicitaron dinero al Comité Organizador y se negó argumentando que eran jugadoras aficionadas y perderían el estatus de amateur, las seleccionadas expusieron que sin pago no jugarían la final. El Congreso del Trabajo a través de la Comisión Femenil y su presidenta María Concepción Rivera favoreció la solicitud de las jugadoras, pues existía una relación de trabajo entre ellas y el organismo responsable del campeonato.

Los Operadores del Servicio Telegráfico Internacional de la Dirección General de Telecomunicaciones también apoyaron la solicitud.[14] Ante diversas presiones, las jugadoras anunciaron su renuncia a la exigencia del dinero y aceptaron jugar sin retribución económica. La solución fue el ofrecimiento por parte del Comité de un juego de consolación en el cual las ganancias serían destinadas a las jugadoras, la realidad fue que las mexicanas se decepcionaron pues el juego sería contra Argentina y no Italia (el equipo italiano ya se había retirado del país), lo cual representaba menos asistentes al Estadio y precios inferiores a los del Mundial. Mientras las argentinas entrenaban, las mexicanas se dedicaban a vender boletos.

Con el paso de los años, algunas asociaciones afines a la FIFA aceptaron de forma gradual la formación de equipos femeniles, sobre todo en Asia y Europa, se generó la necesidad de volver a organizar torneos mundiales (hasta 1986 se llevaría a cabo otro Mundial en Italia). En México el futbol femenil estaba en el olvido.

Se creó la Comisión de Futbol Femenino de la FIFA y se encargó de organizar el torneo Women’s FIFA Invitational Tournament en 1988 en Canadá y tras el éxito obtenido se organizó la Copa del Mundo Femenil de la FIFA, que se llevaría a cabo con periodicidad determinada, un año posterior al mundial de futbol masculino. El Primer Mundial se celebró en China en 1991. México siguió participando en los Mundiales, aunque cabe mencionar que inicialmente con selecciones improvisadas, hasta que fue fortaleciéndose con refuerzos, algunos incluso provenientes de universidades de Estados Unidos (como es el caso de Mónica González, Iris Mora, Fátima Leyva, entre otras).

La FIFA cuenta con 211 federaciones incorporadas y 168 de ellas cuentan con rama femenil. Hoy el reto es la profesionalización del deporte más que el desarrollo. La evidencia muestra que una liga profesional permite la formación de una selección ganadora, Estados Unidos cuenta con el mayor número de títulos mundiales y también con una liga nacional.

A pesar de que la primer liga profesional de futbol femenino se dio en Japón, la National Women’s Soccer League de Estados Unidos es el formato más exitoso, aunque los números no son equiparables con los formatos varoniles, atrae al menos a 15,000 espectadores por partido y es un opción real para las futbolistas que buscan el desarrollo profesional.

En México contábamos desde 2008 con la Liga Mexicana de Futbol Femenil, pero es hasta el 5 de diciembre de 2016 que se estableció la Liga MX Femenil por la FMF, es decir, la Primera División de Futbol Femenil Profesional. A la fecha se han disputados 2 torneos, inicialmente se contó con la participación de 16 de los 18 clubes profesionales que existen en México y en el presente torneo Apertura 2018 compiten los 2 equipos que restaban de sumarse: Puebla y Lobos BUAP.

En la primera edición de la Liga MX Femenil el equipo tapatío de las Chivas sumó una estrella a su escudo y gracias a las destacadas actuaciones de, entre otras, Norma Palafox, Lucero Cuevas, Mónica Ocampo y Blanca Félix, la participación de las futbolistas profesionales comenzó a ser tema de discusión genuina en el ámbito deportivo. Durante el segundo torneo resaltaron diversas jugadoras por su talento y liderazgo en la cancha, tales como Desirée Monsiváis, Diana Evangelista, Rebeca Bernal, Akemi Yokoyama, Nayeli Rangel, Carolina Jaramillo, Deneva Cagigas, Berenice Muñoz, Dayana Cazares y Cecilia Santiago. La final del torneo se disputó como clásico regio entre Rayadas de Monterrey y Tigres-UANL: en el duelo de ida 38,230 aficionados asistieron al Estadio Universitario y en la vuelta 51,211 personas apoyaron a las jugadoras en el Estadio BBVA Bancomer, rompiendo el récord mundial de número de asistentes a un partido de futbol femenil.

Para esta temporada se ha generado gran expectativa con base en los cambios establecidos en el Reglamento de Competencia de la Liga MX Femenil 2018-2019, los cuales se espera provoquen un impacto positivo y trascendente:  la Fase de Calificación se juega en 18 jornadas a partir del 13 de julio hasta el 19 de noviembre de 2018; los equipos se dividen en 2 grupos ubicados de manera regional, el grupo 1 integrado por América, Toluca, Pachuca, Pumas, Cruz Azul, Puebla, Lobos BUAP, Veracruz, Xolos y el grupo 2 conformado por Monterrey, Tigres, Chivas, Santos, Querétaro, Necaxa, León, Atlas y Morelia; los clubes que tengan registradas jugadoras de la categoría Sub-17 deben observar que se deben cumplir un total de 1,000 minutos por torneo, no pudiendo exceder de un total de 180 minutos por partido y únicamente pueden tener cuatro jugadoras mayores de 24 años de las cuales sólo dos jugadoras mayores podrán participar simultáneamente en el terreno de juego, pero pudiendo incluir a las cuatro en la hoja de alineación; las jugadoras pueden utilizar su nombre, su apellido o su sobrenombre en la camiseta.

Reconocimiento a los avances, sí. Indiferencia ante los retos que se presentan para el futbol femenil mexicano, jamás. Esperemos que en el corto plazo dejen de ser enlistados como pendientes, de forma enunciativa mas no limitativa, las soluciones de los siguientes asuntos: los clubes Atlas, Cruz Azul, Puebla y Pumas no asignan espacios para que sus equipos femeniles disputen sus partidos en el mismo estadio que sus equipos varoniles, les permiten jugar exclusivamente en espacios destinados a las fuerzas básicas o en campos fuera de la ciudad sede del equipo, contrario a esfuerzos como el del club Pachuca para crear el centro de alto rendimiento Pabellón Malena Patiño para uso exclusivo del equipo femenil; solamente jugadoras nacidas en México pueden participar en los torneos de la Liga MX Femenil, las futbolistas que adquieren la nacionalidad mexicana por naturalización están imposibilitadas para acceder, de entre varios campos, también al del balompié; las condiciones de trabajo son evidentemente distintas a las de sus colegas hombres, las excepciones en la normatividad laboral de nuestro país al principio de igualdad salarial del trabajo especial de deportistas profesionales exceden a la realidad de las futbolistas profesionales.

En los estadios del país campeón del mundial varonil, Francia, del 7 de junio al 7 julio de 2019 se disputará la Copa Mundial Femenil con 24 equipos que, sin duda alguna, demostrarán su calidad futbolística en 52 partidos. No esperemos hasta ese momento para observar y atender al potencial del futbol femenil mexicano.

[1] Carreño Martínez, Maritza, Futbol femenil en México 1969-1971, México, Tesis de Licenciatura UNAM, 2006, p. 24.

[2] Novedades, Vida capitalina, 15 de agosto, 1971, p.1 tercera sección.

[3] El Universal, 17 de noviembre, 1969, p.2 sección deportiva.

[4] Esto, 5 de agosto, 1960, p.16-A.

[5] Heraldo de México, 22 de dic, 1969, p. 4-B.

[6] Heraldo de México, 17 de enero, 1970, p. 4-B.

[7] Carreño Martínez, Maritza, op.cit., p. 58.

[8] Excélsior, 1 de julio, 1970, p.3 deportes.

El Sol de México I, 4 de julio, 1970, p. 5-B

[9] Excélsior, 4 de julio, 1970, p. 4 deportes.

[10] El Día, 25 de julio, 1970, p. 11.

[11] Ovaciones, Primera Edición, 24 de julio, 1970, p.2.

[12] El Universal Gráfico, 24 de octubre, 1970, p.2.

[13] Últimas Noticias de Excélsior, 16 de agosto, 1971, p.6.

[14] El Día, 4 de septiembre, 1971, p. 20.

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