MUSEO SALÓN DEPORTE, VISITA OBLIGADA

Por Olga Trujillo

Este año festejo el diez de mayo abrazada a mis dos hijxs con varicela. Estamos en uno de esos momentos donde solo vemos pasar la vida desde la cama y frente a infinidad de capítulos de caricaturas, series y películas; juegos como el del “Hospital de Peluches” y rodeados de pomadas y trapos húmedos para bajar la temperatura. La picazón y el hambre rompen la dinámica. El fuerte virus les gasta las energías y todos caemos cansados por la noche. Nada de salidas. Extrañamos el deporte. Quizá ustedes ya lo saben, pero nuestra pasión por él es algo que se consume y se contagia en esta familia. Por eso nos divertimos tanto en sitios como el Museo Salón Deporte y este post está dedicado a hablarles de nuestra visita a dicho lugar y por qué creo que debería ser un paseo obligado.

Fuimos un sábado y una de las cosas que más llamó mi atención fue que la entrada ¡es gratis!, no sé ustedes, pero cuando supe que detrás del corte del listón rojo (en octubre del año pasado) estuvo Carlos Slim, no pude pensar en otra cosa ¡que en un boleto por delante! Aunque viéndolo bien se agradece que sea su Fundación la que lo patrocina y haga notarse que se hizo un gran esfuerzo.

Otra cosa llamó mi atención. A pesar de estar cerca de una de las estaciones del metro más grandes, la de Cuatro Caminos, por donde transitan miles de personas al día, al Salón Deporte ¡no entraron ni treinta! –al menos en el tiempo en el que nosotros estuvimos–.

En los más de 4 mil 400 metros cuadrados donde se exhiben 2 mil 139 valiosas piezas relacionadas al deporte (nacionales e internacionales), pocos fuimos ese día los que pudimos experimentar el principal atractivo del Museo: Las actividades interactivas, lo cual hace único este espacio en México… aunque creo tener una razón al respecto.

Es cierto que además de que puedes ver en vivo y a todo color cosas excepcionales como el traje de baño con el que María Teresa Ramírez compitió en los Juegos Olímpicos de 1968 –cuando ganó la medalla de bronce en los 800 metros libres–, tú y tus hijxs pueden encestar, correr ‘sprints’ para que los guías te digan a cuántos kilómetros por hora lo hacen y vean cuánto les falta para estar a la altura de la velocista mexicana también campeona olímpica Ana Guevara o de Usain Bolt–; también puedes anotar goles, subirte a un ring de boxeo profesional, aprender a hacer dos o tres llaves de lucha libre, entrenar como un jugador profesional de futbol americano o bien saber a cuántas millas por hora lanzas las pelotas de beisbol.

 

En fin, el Museo está puesto para ofrecerte información guiada sobre cómo realizar y conocer los fundamentos de diversas disciplinas. Sin embargo, como yo soy una fiel defensora del deporte femenil (y espero que muchas de ustedes también), sí me atreví a escribir y cuestionar en el buzón de sugerencias que te ponen en cada sección ¿por qué solo hay pequeños flashes en algunas áreas de ciertas disciplinas sobre lo que ha hecho la mujer en el deporte? Bueno, con decirles que ¡no hay un solo dato del paso de la mujer en el futbol femenil de México! Y esto es serio tomando en cuenta que incluso cuando se inauguró dicho recinto (octubre 2017) ya existía la Liga Mx Femenil.

No sé en quién haya recaído el criterio sobre las piezas y la información a exhibir, pero asumo que fue alguien que debió tener conocimientos mínimos de deporte pues entre los principales atractivos están memorables piezas como una figura a tamaño natural del piloto Ayrton Senna, el volante original del piloto mexicano Pedro Rodríguez, una butaca del primer estadio de los Yankees de Nueva York, así como jerseys de los basquetbolistas Kobe Bryant y Eduardo Nájera, entre otras.

Pensémoslo así: Se supone que uno de los objetivos del Museo –dicho por el mismo Slim Helú- fue el de “despertar el interés y el conocimiento por el deporte, al tiempo que pueda estimular la práctica deportiva”, pero si yo como mujer (mamá o no), joven o niña voy a instruirme, inspirarme o probarme en una de tantas disciplinas y veo que a simple vista hay pocas mujeres que lo practican, quizá me cueste trabajo (no sabemos) pensar que soy capaz, que tengo futuro y simplemente no hace efecto en mí aquella frase de que “somos lo que podemos ver”…

Una vez más parecería que a los creadores del Museo solo les interesa sobre todo despertar el interés de hombres y niños, más que el de las mujeres y no debería ser así. Reforzar los estereotipos de ellas como simples admiradoras o acompañantes ya tendría que verse hasta anticuado. Siempre se dice que “a las mujeres les gusta menos el deporte que a los hombres” y perpetuar de esa manera justo lo que vemos en la vida cotidiana no ayuda para nada.

Comencemos por interesarnos en estar presentes, en alzar la mano, en tomarnos el tiempo de exigir que se nos tome en cuenta (cuando visites el museo y te pidan tu opinión), en acercarnos a lo que forma parte de nuestra cultura y en demostrar que, quizá si se dirigen a nosotras, podemos abarrotar los espacios que se inauguren de hoy en adelante, quien quita y después haya una sala exclusiva para la mujer en el deporte, o más deporte femenil incluido dentro en la misma exhibición. Lo cierto es que peor estábamos y aunque sabemos que, de hecho, es más difícil buscar las historias de las mujeres en el ámbito deportivo, acá estamos nosotras –y muchas más que conocemos– presentes para recopilarlas y complementarnos, de eso se trata.

¿Qué dicen? ¿Asistirán? Si es así, diviértanse y no olviden después compartirnos a quiénes incluirías dentro de la exhibición.

 

*También pidan que pongan a trabajar algunos marcadores que no están funcionando como el de la bicicleta.

LA DIRECCIÓN ES:

Museo Salón Deporte, Ingenieros Militares s/n
Centro de Transferencia Multimodal (Cetram) Cuatro Caminos
Naucalpan De Juárez, Naucalpan de Juárez, Estado de México

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