#PODCAST: CAMPEONATO SUB 20 FEMENIL EN CASA

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Apagué la pequeña pantalla de mi teléfono celular y definitivamente busqué la final de la Concacaf Sub 20 femenil en la televisión, es decir, en You Tube. Mi hijo veía el futbol americano, pero no era la primera vez que negociábamos una partida así; era una final y lo entendió. Además, por  alguna razón, sabe que si se trata de Estados Unidos, tiene aún mayor relevancia, los medios se han encargado de decirle que el presidente de ese país tiene sus reservas con el nuestro… o al menos es lo que él ha concluido a sus nueve años, incluso, ha llegado a preguntarme “¿por qué Trump no escucha `Imagine All The People´ mil veces hasta que entienda?”…

Pero estábamos en la final del futbol. México había dejado atrás a Jamaica y a Nicaragua, había perdido solo un partido y fue contra Estados Unidos precisamente. Así que la tarde estaba puesta para volver a comenzar, corregir errores y consumir el contenido. A pesar de la lluvia y el pasto resbaloso, las jugadoras tenían cara de no prestarle importancia al lodo en las tobilleras, así y con los botines mojados, las pupilas de Christopher Cuéllar, quien a su vez era asistido por Mónica Vergara, se fueron al vestidor tras 45 minutos y un palpitante gol de Dayana Cázares.

Era domingo y las visitas de ese día familiar se trataban de los compadres y sus tres hijas que me llaman “tía”. Llegaron a la hora de la comida y justo al medio tiempo. Hacía frío y el paisaje gris fue el pretexto ideal para invitarlas a la sala. Siempre me ha dado curiosidad ver la reacción de la gente cuando les digo que estoy viendo algún partido, combate, competencia o película sobre deporte femenil y esta vez a mi comadre, le agradó la idea. Las dos niñas pequeñas se fueron a jugar, pero la mayor, quien tiene 11 años, se llevó su plato con comida a la sala para ver el partido con nosotras. Tres mujeres, de distintas edades viendo un partido de futbol femenil un domingo por la tarde. ¿Me siguen?

El empate llegó recién iniciado el segundo tiempo tras el cabezazo de Tierna Davidson, pero no era momento de bajar los brazos como tampoco lo fue cuando comenzó la vida del tiempo extra. La inyección de emoción me hizo recordar los flashes del pasado:

Mi hija apenas tenía dos años cuando un día fui a visitar a mi madre. Ahí, también desde la pantalla de mi celular y a través de links compartidos por internet, pude ver el partido de la final entre México contra Canadá en el Premundial Sub 17. Parte de las historias de seis de las jugadoras que estábamos viendo en la final de este año en vivo, habían comenzado sus memorias en aquel evento y coincidentemente eran la portera Emily Alvarado (que tanto en esa final en la de este año atajó dos penales), Belén Cruz (hoy jugadora de las Tigres y quien fue la encargada del último disparo tanto en aquella ocasión como en esta), así como Miriam García, Miriam Aguirre, Natalia Villarreal y Monsterrat Hernández.

Era el 2013 y las mexicanas habían dejado a las estadounidenses fuera del mundial (lo cual ya era una histórica faena), así que en el libro “Las Mujeres que Aman El Futbol y Otras que No Tanto”, yo había escrito un breve pasaje sobre aquel suceso y la arquera de casi ciento ochenta centímetros de estatura “que aunque nació en Texas, consultó a su corazón para jugar por México… Emily era una de esas niñas que desde los cuatro años patean balones, dije, y recuerdo que lo más entrañable de aquel día de noviembre fue cómo se le veía llamarles a una por una a “tirarle” haciendo una señal con la mano de ¡ven! Eso y verla chocar ambos guantes para luego abrir sus brazos como una mariposa al mismo tiempo que daba saltos, me recordó una vez más esa adrenalina que emborracha y hace soñar que todo es posible”, punto.

El prestar atención a las adolescentes jugadoras que, al reírse de la emoción tras dejar a Canadá en la lona, sus labios se levantaban y se sacudían todas, me trajo al presente.

Ya era la tanda de penales y estar sentada no me funcionaba más. El juego de las niñas y de mi hijo se suspendió y de pronto éramos seis mujeres más el niño, mi esposo y su amigo atentos a la pantalla para ver lo que sucedía. Los gritos de Emily tras sus atajadas y la sangre fría de Belén Cruz al liquidar el último tiro, se quedaron prendidos en el ambiente. Las jugadoras de México ganaron otro título y la diferencia quizá solo radica en que hoy sus cuerpos preparan el camino para cargar al que llevarán de más adultas.

Durante las premiaciones de Miriam García, defensa y recién campeona con las Chivas de la Liga Mx Femenil, quien se llevó el Balón de Oro y la de la arquera Emily que se quedó con el guante de Oro, vino la pregunta de mi hija al ver las gradas vacías: “¿Pero por qué se fueron todos?”, yo me reí y le expliqué que quizá era que había llovido y las bancas estaban mojadas luego, cambié de opinión, y le conté que aún el futbol femenil no tiene tantos aficionados o aficionadas y que por eso lo estábamos viendo. Lo que vino después fue un juego de palabras ¿por qué no?

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