LA F1 SIN EDECANES, PERO EL SEXISMO NO ACABA AHÍ

Cristina Herrera

Hace unos días, en la Fórmula Uno tomaron una decisión importante respecto al serial de este año que no tenía nada que ver con los autos, los neumáticos o los circuitos.

Los nuevos dueños del campeonato, que tomaron las riendas a partir de este 2018,  decidieron acabar con las edecanes que desfilaban como en pasarelas en los pits, con lo que se abrió una nueva polémica respecto a si era suficiente esta medida para acabar con el sexismo en el deporte que se daba de la mujer en este tipo de eventos.

La F1 no ha sido el único ente deportivo que implementó esta medida. En 2017, los organizadores del Tour Down Under de ciclismo -la primera fecha del campeonato de la UCI- anunciaron que dejarían de contar con azafatas en sus eventos, una medida que siguió la Vuelta a España.

Pese a todos estos esfuerzos, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Purdue y la Universidad del Sur de California , explicó que en la cobertura mediática del deporte femenil se cambia la percepción de las atletas, a menudo, reforzando los estereotipos de género que están establecidos por la sociedad.

El estudio, que abordó los últimos 25 años y el cual se publicó en la revista Gender and Society de septiembre de 2017, determinó que los deportes femeninos recibieron una cobertura menos entretenida y exhaustiva, y sugirió que esos factores conducen a una menor venta de entradas y salarios más bajos para los atletas.

Según la investigación, durante los años 90, la cobertura de atletas fue “abiertamente sexista”, luego cambió en la década de 2000 para volverse más trivial al insistir en los roles de género tradicionales de los atletas (maternidad, esposas, etcétera.) en lugar de logros atléticos.

Para el año 2014, la cobertura “representaba los deportes femeninos de una manera deslucida”. El estudio descubrió que la cobertura de los deportes femeninos han disminuido durante este período y ahora constituye del 2 al 3 % de la cobertura de noticias transmitidas por los programas televisivos de deportes.

Durante ese mismo período de 25 años, también hubo un aumento en los roles de las mujeres en los deportes profesionales, como porristas, bailarinas y modelos promocionales. Ambas tendencias surgen de la noción sexista de que las mujeres deberían apegarse a los “roles de género tradicionales”.

Pese a la medida de la F1 y el ciclismo, otros deportes se niegan a acabar con estos roles sexistas.

Por ejemplo, hoy todos los equipos de la NBA tienen un grupo de porristas, y sin embargo, pocas escuadras de la WNBA los tienen, como en del New York Liberty, aunque su equipo es mixto: el Liberty Torch Patrol que tiene hombres y mujeres.

Muchas de las porristas que han integrado los grupos de los equipos de la NBA han denunciado que los salarios oficiales se mantienen en secreto, y las bailarinas no se enteran de cuánto ganarán hasta que llegan a las rondas finales de la audición.

Del mismo modo, los equipos no brindan atención médica a las mujeres, aunque sí cubren los costos por las lesiones sufridas mientras trabajan.

También están subcontratadas por otras empresas como un empleo de medio tiempo, aunque muchas ocasiones tienen que estar varias horas trabajando.

En abril de 2017, los Milwaukee Bucks acordaron pagar 250,000 dólares para resolver una demanda colectiva presentada por una ex bailarina alegando que ella y otras porristas ganaban menos del salario mínimo.

La NFL es un caso especial. Desde 1977, las porristas de los Cowboys de Dallas son de las más famosas de toda la liga, las más cotizadas, pero también a las que se les ha impuesto un grado de sexismo importante.

A principios de 2014, las porristas de cinco equipos de la NFL llevaron a sus dueños a los tribunales y demandaron porque consideraron que sus condiciones de trabajo estaban muy por debajo del nivel de otros empleos.

Mientras su salario estaba muy por debajo del salario mínimo, los jugadores ganaban millones de dólares.

Además, también denunciaron que fueron sometidas a evaluaciones visuales de su estado físico, mientras que los pesajes dos veces por semana fueron, en muchas ocasiones, motivos de despido.
En alguna ocasión a las porristas de los Buffalo Bills les pidieron ir a un evento benéfico, por el cual, aseguraron, no se les pagó, además de que se les exigía usar bikinis y fueron “subastadas” para sentarse en las rodillas de golfistas adinerados por el resto del día.

Tras la ronda de demandas de 2014, se realizaron mejoras menores a las condiciones de trabajo, pero las Raiderettes iniciaron otra demanda por pago en 2017. Según Mic, una porrista de los Raiders recibió 1,250 dólares por la temporada, aunque las mascotas del equipo reciben entre 25,000 y 60,000 dólares por el mismo periodo.

En 2016, la NFL publicó el salario que debían recibir las porristas de la Liga. Según sus lineamientos, la estrella principal debe recibir entre 9 y 15 dólares por hora, acumulando un total de entre 3,000 y 3,500 dólares la temporada.

Mientras que una porrista de apoyo, recibe entre 9 y 60 dólares, aunque su llamado a los juegos es menor por lo que puede percibir entre 1,500 y 2,000 dólares por temporada.
Otro de los deportes que han sido criticados por su marcado sexismo son el box y la lucha libre, en donde es muy común que las mujeres con bikinis o con muy poca ropa desfilen previo y durante las funciones.
En Estados Unidos, esta tradición ha permeado en la Ultimate Fighting Championship (UFC) En ese sentido, un artículo de la revista Psychology Today del 2013 señaló que en un terreno que está dedicado exclusivamente para la agresión, como lo es el octágono de la UFC, era especialmente problemático contar con este tipo de edecanes.

En el artículo se explicaba que el cerebro relaciona la agresión con la atracción sexual y los lleva a las mismas dimensiones, lo que puede incitar a que la violencia contra la mujer sea vista como algo normal.
Sin embargo, el sexismo en el UFC no se limita a la presencia de las chicas del ring. La organización tiene combatientes mujeres, aunque ellas también alegan desigualdad.

En 2015, la estrella de UFC Ronda Rousey se quejó de que a las edecanes del ring les pagaban más que a las mismas luchadoras.

Rousey dijo que a las mujeres que aparecen en el ring anunciando los rounds, se les paga alrededor de 20,000 dólares, y Rousey explicó que algunas combatientes recibieron un salario menor (aunque ella misma ha ganado millones por una sola pelea).

Por otra parte, en la NASCAR, el serial automovilístico de carreras, son muy conocidas las chicas Monster Energy, quienes representan a la carrera y otros eventos promocionales.

Muchas de ellas son modelos experimentadas y ex reinas de belleza, junto con algunas ex animadoras. El grupo ha reportado muchas quejas y acoso leve en las redes sociales sobre sus escasos trajes, que consisten en pantalones combinados con blusas.
En enero de 2018, el Huffington Post informó que cinco mujeres estaban demandando a Monster Energy por una cultura corporativa que, según ellas, es abusiva para las mujeres. La primera demanda se inició en 2016 y las otras cuatro el año pasado.

Una ex gerente regional de Monster, quien está detrás de una de las demandas, le dijo a Huffington Post que es raro ser una empleada de la compañía, y que las mujeres no deberían tolerar una cultura misógina que puede ser exteriormente hostil.

Así, la F1 ha buscado evitar que se siga sexualizando el deporte. Quienes se oponen a que las mujeres se sigan exhibiendo como edecanes argumentan que ellas son una tradición obsoleta y una distracción, además de que refuerzan la idea de que conducir automóviles es sólo tarea de hombres y el trabajo de la mujer es admirarlo cuando lo hace.

Pese a la polémica, las edecanes de la F1 parecen relativamente felices con la experiencia e incluso, han lamentado la medida del serial.

Paola Pinar, una joven edecán que trabajó para el serial el año, hizo pública una carta tras la decisión en la que aseguró que es un trabajo difícil por las largas horas que representa, pero en general, son bien tratadas en la pista, y acotó “el problema no está en el trabajo, el problema está en sus cerebros, ahí se encuentra el verdadero machismo”.

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