EN LOS JO DE INVIERNO, LA EQUIDAD SIGUE SIENDO UN TEMA PENDIENTE

Cristina Herrera

Ser demasiado ligeras fue la primera excusa. Le siguieron argumentos como posibles lesiones en la columna o, incluso, en el útero. Después, la falta de participantes que alcanzaran el nivel o el exceso de pruebas en el calendario.

Todo, con el fin de evitar que las mujeres participaran en los saltos de esquí durante los Juegos Olímpicos de Invierno.

La lucha por la inclusión llegó hasta los tribunales, y luego de 90 años de batalla, finalmente, en los pasados Juegos Olímpicos de Sochi 2014, las mujeres saltadoras por fin pudieron competir.

Sin embargo, la equidad sigue poniéndose a debate en justas como las que ahora se desarrollan en Pyeongchang. Pese a que han demostrado su destreza atlética, el Comité Olímpico Internacional (COI), todavía se niega a abrir completamente la puerta a las féminas en estas disciplinas.

Mientras que los hombres pueden competir en tres eventos: trampolín largo, corto o normal y por equipos; a las mujeres sólo pueden figurar en la prueba de trampolín corto.
El salto con esquí es emblemático en la lucha de las mujeres por recibir equidad en los Juegos Olímpicos, pues otros como el Bobsleigh, también tienen pruebas femeniles reducidas.

“Los deportes pertenecen a toda la humanidad”, dijo en una entrevista la vicepresidenta del Comité Olímpico Internacional, Anita DeFrantz, quien ha luchado por décadas para impulsar la equidad de género en los JO. “No hay ninguna razón para excluir a las mujeres de ningún deporte”.
Aunque el COI se ha pronunciado por buscar la equidad de género, y espera que para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 exista el mismo número de atletas mujeres y hombres, lo cierto es que internamente aún no abre totalmente la puerta a esta situación.

Por ejemplo, solo cuatro de los 15 miembros de la junta ejecutiva del COI son mujeres. En Pyeongchang, las mujeres tienen seis eventos menos para conseguir medallas que los hombres y, en varios deportes, los recorridos son más cortos.

En patinaje de velocidad, por ejemplo, el recorrido más largo para hombres es de 10,000 metros. Para las mujeres, es solo de 5,000 metros.
Mientras que en el salto de esquí, aunque las mujeres podrían saltar en la gran colina, están relegadas a la más pequeña, y en el combinado nórdico no hay eventos para mujeres.
DeFrantz ganó una medalla de bronce en remo en los Juegos Olímpicos de 1976, el primer año que las mujeres competían en esa disciplina en los Juegos.

En ese momento, las mujeres se limitaron a un recorrido de 1,000 metros, mientras que los hombres recorrieron 2,000 metros, a pesar de que las mujeres fueron entrenadas para competir con 2,000.

A las mujeres no se les permitió competir en la misma distancia que los hombres hasta los Juegos Olímpicos de 1988, en Seúl.

La fragilidad, el gran argumento

Desde los inicios de las justas olímpicas, las mujeres han sido relegadas poniendo como pretexto su fragilidad física.

Esa excusa dejó a las mujeres fuera del maratón olímpico hasta Los Ángeles 1984, una situación similar a la que padeció el esquí.

En 1991, el COI dictaminó que tanto las mujeres como los hombres podían participar en todos los futuros deportes olímpicos, pero eso no abarcaba a los deportes que ya existían antes de 1991, los cuales incluían al salto de esquí.

Fue hasta los Juegos Olímpicos de Nagano 1998, que las mujeres alzaron la voz para poder ser integradas en esta disciplina, sin embargo algunos federativos decían que no era apropiado este deporte para la mujer.
La lucha siguió por años y los obstáculos siempre llegan al mismo punto: las mujeres físicamente no eran capaces de participar en las pruebas.

En 2008, la saltadora  estadounidense Lindsey Van, junto a un grupo de otras saltadoras de cinco países, demandaron al Comité Organizador de Vancouver el derecho a competir en los Juegos Olímpicos del 2010.
Aunque finalmente la demanda fracasó, el COI finalmente acordó en medio de una avalancha de publicidad negativa agregar un evento de salto de esquí para mujeres -la colina corta o normal- al programa de Sochi 2014.

Para Pyeongchang, y luego de los discursos de inclusión que ha dado el COI, las mujeres esperaban poder competir en los tres eventos de salto, pero eso no se hizo realidad.
Lo más grave es que esta brecha de género no sólo se da en las pistas.

En la Copa del Mundo, por ejemplo, el primer lugar en salto masculino recibe un premio tres veces mayor que la mujer que se corona campeona.

Mientras que los hombres reciben hasta cuatro veces más dinero de reembolso de viaje que las mujeres.
Jenny Wiedeke, una portavoz de la federación de esquí, dice que esperan que las mujeres reciban el mismo premio en las próximas temporadas, aunque no hay una fecha establecida para que eso suceda.
Según la misma federación, las principales razones para la disparidad en salarios son las diferencias en los patrocinios, la televisión y los ingresos que dejan los espectadores.
Así, la lucha por la equidad, al menos en algunas disciplinas deportivas invernales, todavía tiene mucho camino por delante, mientras que las mujeres seguirán buscando derribar las excusas y argumentos que se niegan a abrirles las puertas en la historia olímpica.

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