#PODCAST: EL DEPREDADOR SILENCIOSO

Por: Olga Trujillo

Escribo mientras veo a mi hija Olympia practicar gimnasia. Tiene apenas seis años y recién se estrena en la clase. Le gusta. Ha hecho sus primeros intentos para pararse de manos y, emocionada por la inercia de su largo cuerpo mientras suspende unos microsegundos ambos pies en el aire, me dice “casi me doy una vuelta de carro”… lo cierto es que para eso aún falta mucha práctica, pero yo la aliento estando presente.

Ella sabe que a mí también me gustan los deportes. Sobre todo, porque desde ese ámbito puedo reflexionar sobre la vida con solo verla a ella y a mi hijo practicarlos, o al botar el balón o bien al escribir sobre lo mismo.

La primera vez que vi a la gimnasta Simone Biles en la televisión me di cuenta que tenía su pecho lleno de oro. Había escuchado mucho acerca de la gimnasta maravilla, pero nunca pensé que sus ejecuciones fueran tan cercanas al cielo. Se le llegó a comparar con la ex gimnasta rumana Nadia Comaneci, decían que era la versión moderna de aquella perfección, pero con más potencia; usualmente los humanos caemos en los comparativos de lo que ya conocemos.

Por supuesto que no comparo a Olympia con Simone, sin embargo, sí me hago las preguntas de una madre que desea salirse de la estigmatización y que acaba de escuchar las palabras de la gimnasta estadounidense sobre el abuso sexual del cual fue víctima por el ex médico del equipo de gimnasia de Estados Unidos, Larry Nassar, ese depredador silencioso que apareció para torcerle la vida a ella y a más de cien mujeres incluidas otras estrellas de la gimnasia como Gaby Douglas, Aly Raisman o McKayla Maroney. ¿A quién le confiamos a nuestras hijas e hijos?

La historia que la joven gimnasta dio a conocer en twitter, donde reveló sentirse culpable, rota y con “una pequeña voz en su cabeza que ‘cuanto más trato de apagar, más alto me grita’”, deja la llave puesta para seguir con las preguntas.

Nassar también se aprovechó de su confianza para darle un tratamiento supuestamente “especial”, la misma técnica que usó para abusar de otras compañeras suyas. “Es un comportamiento completamente inaceptable, asqueroso, y abusivo, especialmente viniendo de alguien de quien me dijeron que confiara”, se quejó Simone.

Aquella tarde cuando vi a la ganadora de cuatro medallas de oro en los JO de Río 2016, aún recuerdo lo criticada que fue tras no subir a lo más alto del podio por quinta vez; Biles se quedó con el bronce tras fallar un salto en la competencia de viga de equilibrio y casi caer al suelo. A esas alturas, Simone no solo lidiaba con la presión mediática de tener todos esos metales en su pecho, sino que éste se le había hinchado de sentimientos y le urgía dejarlos salir.

“Ya no tengo miedo” soltó Simone y sus poderosas palabras se unieron al hashtag #MeToo, que resume las voces de las mujeres que fueron abusadas por Nassar. La prensa puso sus voces en papel: “Él me tocó en los lugares más inocentes”, dijo Jessica Thomashaw, de 17 años y recontó cómo el doctor la agredió sexualmente cuando ella tenía 9 y 12 años. El combo de consecuencias, fueron desde la desconfianza en sí mismas, hasta la depresión, la furia, la ansiedad… o el suicidio. El depredador escuchó un testimonio tras otro y uno a uno parecían clavarlo aún más a su silla.

Por la noche me llevé estas palabras a la cama y muchas veces son ingredientes para soñar… a nadie le gusta tener pesadillas.  Me di cuenta que soy una de las que se oponen a decirle a su hija que en su cuerpo “hay una parte inocente”…, mi prejuicio no tendría por qué pertenecerle a ella, pero ese es un tema que quizá deba debatir con otras mujeres, así que mi forma de sacar una conclusión de todo esto fue usar la frase de Kyle Stephens: “Las niñitas no siguen siendo pequeñas por siempre”, que quede claro.

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