PODCAST: LA REMONTADA

Olga Trujillo

Terminó la primera Liga Femenil profesional de futbol en México. Pero hay que preguntarse si ¿terminó o empezó? Lo cierto es que tuvo el sabor de la primera vez: Nombres por conocer como cuando llegas a un salón de clases con las libretas nuevas, estadios por reclamar, voces que del bullying pasaron a las porras, mariposas en el estómago al ver los goles en televisión.

A dos días de que las Chivas se coronaran campeonas, yo misma me di cuenta de cómo el tema del futbol femenil había trascendido en mi vida cotidiana. Algunas veces, cuando iba a eventos donde conocía a personas por primera vez, debía hacer una breve introducción de mí misma y, como todos sabemos, siempre llega una pregunta: “¿a qué te dedicas?”, mi respuesta desde hace cinco años era decir “escribo sobre deporte femenil… por gusto”, o “hago periodismo para apoyar la labor de la mujer en el deporte”, o “hago campañas para destacar el trabajo de las mujeres en el futbol femenil”. “¿Hay mujeres que juegan buen futbol?” me preguntaban de regreso y la mayoría de las veces la plática pasaba a otros temas.

El día de la final también conocí a gente nueva, asistí a la boda de unos queridos amigos, pero esa noche la plática dio un giro: El de estar diciendo el marcador y el de escuchar el ¡“no mames”! cuando se enteraron de la remontada. Además, todos los domingos acudo a mi mercado preferido para comprar víveres… durante un momento estuve en medio de la plática entre un carnicero y un cliente suyo: “Ya somos campeones otra vez”… “ahhh, ¿ahora son femeniles? no les queda de otra…” le contestó, sonó a burla sí, pero entre mí pensé cómo es que el futbol femenil había saltado del anonimato y cómo es que dos hombres que conversan sobre futbol por conectar entre sí, sabían que existía un equipo femenil con la misma camiseta rojiblanca puesta.

La escena me llevó al inicio de todo cuando ya en la sala de prensa algunas colegas me preguntaban si conocía a tal o cual jugadora o si de casualidad tenía algún contacto. Nombrarlas era un importante primer paso. La prensa daba cierto crédito tanto a la jornada regular, como a las grandes atajadas o los goles y las Chivas en particular solo figuraban por llevar el sello del equipo varonil y las palmas a los estadios de primera división que conocían cuando iban de visita pues en su casa recibían a la afición en Chivas San Rafael y Verde Valle, ustedes saben dos espacios donde también practica el primer equipo, pero sin los reflectores de primera división.

Sin embargo, luego de avanzar jornada tras jornada y llegar a la semifinal como “el caballo negro” y al lado de los equipos favoritos, las jugadoras de Chivas ya eran un equipo con credenciales admirables:

Seis partidos al hilo sin perder, dos goleadas por seis tantos, una portera que creció con sus abuelos en un rancho de Sinaloa y que desde que defendió el arco rojiblanco demostró cómo en el futbol doméstico del país, la formación de cientos de mujeres como ella, estaban listas; una jugadora con dotes de goleadora y ritmo en sus festejos, una capitana con la facilidad de gol olímpico… En fin, Chivas era ese conjunto al que había que marcarle distancia y quizá aún más cuando dejó en la lona a su acérrimo y viejo rival institucional: El América.

Es por eso que, durante el partido de vuelta en la final ante Pachuca, dudo que alguien a quien le guste el futbol, como esos dos hombres del mercado, desconociera sobre el equipo campeón femenil.

Fue una noche memorable y las charlas de la remontada, el récord de asistencia de más de 32 mil personas con todo y los vicios de la reventa, el nulo reconocimiento al segundo lugar Pachuca femenil por contagiarse de más vicios de la Liga varonil, así como el que se diga que no recibirán premios o bonos económicos por ser campeonas, serán las palabras que recordaremos como parte de este primer capítulo de la historia del futbol femenil profesional en México y también al inicio de la siguiente temporada.

Ya el sábado yo me sentí como si recién regresara de una larga fiesta, y no hablo de la boda de la noche anterior, sino del alegre trajín que viví por estar al pendiente de las noticias del futbol femenil, de ir a los partidos y de mencionarlas una y otra vez en Diosas Olímpicas porque eso importa.

Precisamente ese sábado estuve con la periodista de Fox Sports, Marion Reimers así como con colegas de su ONG a la que llama Versus y cuya tarea para cerrar con broche de oro esta primera temporada de la Liga, fue organizar un encuentro junto con Wikimedia y en el Centro Cultural Digital para editar en Wikipedia. El objetivo era subir información sobre los equipos y las jugadoras de la Liga Mx Femenil. Gisela Pérez de Acha, abogada de derechos humanos ahí presente, vio que para los editores del sitio (90% hombres) nuestra dinámica del día era “irrelevante” y de hecho se había reportado alguna de las fichas de las jugadoras para ser eliminada “¿machismo editorial?”, se preguntó Gisela y yo les pregunto a ustedes ¿qué opinan? Tal parece que el principal reto de la primera Liga Femenil en el país, no está solo en cómo monetizar, sino en sembrar verdaderas semillas de cambio.

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