EL ATLETISMO Y SU CARRERA ICONCLUSA CONTRA LA TESTOSTERONA

Cristina Herrera

Hace un par de días la sudafricana Caster Semenya obtuvo su tercera corona mundial tras coronarse en los 800 metros planos durante el Mundial de Atletismo de Londres, una distancia en la que sigue siendo imbatible.

De acuerdo con datos del diario El País, un entrenador bromeaba y decía que haría una foto a su entrenada con la campeona sudafricana. “Serán la bella y la bestia”, dijo.

El prejuicio contra Semenya y contra todas las atletas intersexuales (aquellas personas cuya anatomía no se considera típicamente masculina o femenina) no nace sólo de su superioridad atlética contestada, sino también de su apariencia.

El mundo del deporte aún sigue cuestionando a las atletas que no encajan en el estereotipo femenino, y a aquellas que sufren de hiperandrogenia (mayor producción de testosterona), las han tachado de competir con ventaja.

En 2014, a la velocista hindú Dutee Chand se le prohibió competir en los Juegos de la Commonwealth. Chand no se había dopado o había consumido sustancias ilícitas.
Pero los funcionarios consideraron que Chand, tenía una ventaja aparentemente injusta: su cuerpo produjo naturalmente mucha testosterona.
El reglamento de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), establecía que aquellas mujeres con hiperandrogenia debían someterse a cirugía o tomar supresores de hormonas para no tener una ventaja competitiva ante el resto de las atletas.

Los hombres suelen tener niveles de testosterona mucho más altos que las mujeres, y la IAAF cree que esto es en parte la razón por la cual, en promedio, los hombres de élite superan a las mujeres de élite en un 10% en eventos de atletismo.

La IAAF argumenta que para mantener la integridad del atletismo femenil, los niveles de testosterona requieren un mayor escrutinio.

Sin embargo, en el 2015, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) anuló dicha norma, pese a ello la IAAF busca revertir esa decisión.
Casi todo el mundo está de acuerdo en que la IAAF debe regular el uso de sustancias prohibidas por parte de los atletas, como los esteroides. Pero, ¿hasta qué punto deben controlar lo que ocurre naturalmente en los cuerpos de las personas?
Aunque por mucho tiempo se ha pensado que las personas sólo pueden tener cromosomas XX o XY, pero de acuerdo con un artículo publicado en The American Journal of Bioethics, éstas no son las únicas dos opciones, pues hay personas que nacen con dos cromosomas X y un cromosoma Y.

Las instituciones deportivas han luchado por décadas para hacer que los atletas logren ser clasificados como hombre o como mujer. Así, en los años 60 se dice que las atletas eran obligadas a desfilar desnudas ante ginecólogos en los campeonatos europeos de 1966 y los Juegos de la Commonwealth de 1967.

Más tarde, la IAAF cambió sus tests de cromosomas a un frotamiento de mejillas menos invasivo pero éticamente cuestionable.
La IAAF y el Comité Olímpico Internacional (COI) pusieron fin a las pruebas sistemáticas de sexo en los años noventa.

Pero los atletas individuales todavía han sido objeto de escrutinio por los órganos rectores del deporte, más recientemente Chand – la velocista hindú- y la corredora sudafricana de 800 metros Caster Semenya.

Debido a su desempeño dominante en los campeonatos del mundo 2009 y su estructura estereotípicamente masculina, Semenya, una adolescente en ese entonces, fue sometida a un examen de dos horas durante el cual los doctores fotografiaron sus genitales, humillando a la atleta.

Casi todo el mundo está de acuerdo en que la IAAF debe regular el uso de sustancias prohibidas por parte de los atletas, como los esteroides. Pero, ¿hasta qué punto deben controlar lo que ocurre naturalmente en los cuerpos de las personas?

Después de Dutee Chand apeló la prohibición del 2014, el TAS la restableció y suspendió la regulación del hiperandrogenismo y dio a la IAAF dos años para reunir evidencia que respalde esta suposición.
Según la IAAF ya ha hecho un estudio en el que ha probado que los niveles de testosterona sí inciden en el rendimiento de los atletas, al probar a tres grupos con diferentes niveles de testosterona en cinco pruebas de pista y campo.

Sin embargo, el estudio ha levantado dudas. Uno de los coautores del estudio es el director del departamento de salud y ciencia de la IAAF, Pierre-Yves Garnier, quien ha sido acusado de recibir pagos en efectivo para encubrir los casos rusos de dopaje.

Algunos expertos consideran que los autores realizaron pruebas en 43 eventos (21 mujeres y 22 eventos masculinos), por lo que es posible que algunos de los cinco resultados estadísticamente significativos se deban a un error aleatorio.

En segundo lugar, los autores no explicaron el hecho de que casi una quinta parte de las atletas femeninas compitieron en ambos Campeonatos del Mundo, por lo que un número significativo de sujetos se cuentan dos veces.

Es decir que no existe una muestra totalmente significativa para demostrar la teoría de que la testosterona ayuda en el rendimiento de las atletas.

La IAAF afirma que la regulación del hiperandrogenismo protege la integridad del atletismo femenino y promueve el “deporte justo”.

Sin embargo, dejar el debate sólo en los factores biológicos pareciera olvidar también las desigualdades sociales y económicas que existen entre los atletas.

Por ejemplo, los deportistas de los países más ricos tienen acceso a mejores instalaciones de capacitación, entrenadores y equipo, y pueden dedicar más tiempo a la capacitación. El atletismo profesional estará siempre lleno de gente que tiene increíbles dones genéticos y beneficios socioeconómicos. La existencia de los deportes profesionales en sí puede incluso depender de eso sin duda.
Aunque la IAAF busca validar y reabrir su debate sobre la testosterona, al parecer no será suficiente su argumento para lograr que las entidades deportivas vuelvan a poner bajo escrutinio a aquellas atletas que, naturalmente, producen más testosterona de lo habitual.

El atletismo, sin duda, seguirá siendo un terreno en donde se busque siempre la competencia justa sin humillar a sus deportistas, pues no existe razón para tratar a las mujeres de manera diferente.

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