LA VINOTINTO FEMENIL Y EL BALÓN EN MEDIO DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA

Por Olga Trujillo

El balón siempre encuentra la forma de rodar en países en conflicto; ahogados por manifestaciones, escasez de alimentos e inflación. Las jugadoras del conjunto de futbol nacional femenil de Venezuela, son un racimo de flores que sobreviven en el pantano.

El equipo femenil de futbol de Venezuela, que se enfrentó en un partido amistoso ante la selección mexicana en Monterrey, tiene fama nacional en su país. El presidente Nicolás Maduro ha condecorado a sus jugadoras. En un video de You Tube (publicado en octubre del 2013 luego de ser campeonas sudamericanas), les advierte mientras les coloca una medalla simbólica:

“… para que sigan creciendo ustedes como seres humanos, como atletas y para que sigan trayendo glorias a la patria…”.

Con ese mensaje el presidente de Venezuela replicó el significado de la patria por la que se lucha a diario en su país, un acto que deriva en que a veces también se batalla por comida, por medicinas y otros productos de consumo básico.

Deyna Castellanos. Foto: Imago 7, Derechos Reservados.

“La caída de precios que comenzó más o menos a partir del 2012 ha complicado las cosas para adquirir productos, todo es subsidiado, importado, costoso, acá no se produce nada y aunque a veces se tenga el dinero para comprar es difícil conseguir las cosas, se deben hacer unas enormes colas”, cuenta vía telefónica desde Caracas el periodista deportivo Luis Vilchez, encargado de escribir los detalles de la femenil en el diario deportivo Líder.

Es quizá por ello que, a pesar de recién haber estrenado (en mayo) la Superliga Femenina de Futbol en Venezuela, en la lista de las 20 convocadas para el encuentro ante México destaca que nueve jugadoras venezolanas militan en la Liga Águila Femenina profesional de Colombia, que fue estrenada en octubre del año pasado.

La explicación de por qué su preferencia hacia el país vecino en vez de permanecer en su propia organización de futbol femenino apunta a lo siguiente: “Allá tienen mucha más tranquilidad, les dan apartamentos y la oportunidad de estudiar. Acá (en Venezuela) terminan de jugar la Superliga y agarran una camioneta (bus pequeño y casi destartalado) donde les pueden robar sus teléfonos fácilmente y uno más o menos no baja de 250 mil bolívares (454 mil 222 pesos mexicanos aproximadamente), su mes de sueldo si se considera que les pagan entre 100 mil y 300 mil bolívares. Un desodorante por ejemplo cuesta nueve mil bolívares y un kilo de carne (no de primera) 15 mil”, vuelve el periodista Luis. Patear el balón parece tener su precio.

“Para nadie es un secreto que la situación está difícil, tú por ahí vas a un supermercado y consigues una pasta o un arroz, capaz de que a veces no se consigue mucho pero el precio es muy elevado; el costo de la cesta alimenticia ronda en el millón de bolívares y con el sueldo mínimo (de 65 mil bolívares) no te alcanza. Lo preocupante es que cuando llegan las niñas a la selección ven que no comen bien, que están un poco desnutridas y eso ya ha pegado un poco…” comenta vía telefónica desde Guaricó el DT del conjunto femenino Estudiantes de Guaricó de la Superliga venezolana, Omar Ramírez, y asegura que en su club cuentan con un comedor y con las tres comidas gracias al apoyo del gobierno de su estado.

Mi única crítica es que no hemos crecido como institución, como club, hoy en día el conjunto de Estudiantes de Guaricó no tiene dónde jugar”. Tres seleccionadas nacionales que hoy vienen a México están bajo su tutela: Maikerlin Astudillo, Tahicelis Marcano (mediocampistas) y Paola Villamizar (delantera).

Pero la convicción de que así ha sido desde que comenzaron a escribir su historia que -por cierto- es igual de joven que ellas, mantiene a “Las Chamas” en constante crecimiento. No olvidan que están ahí gracias a las visorías que el mismo Director Técnico, Kenneth Zseremeta, hizo al recorrer kilómetros y kilómetros en camión, auto propio o a pie para buscarlas. Así, no solo encontró a Gabriela García –hoy jugadora del Deportivo la Coruña en España– en un pueblito lejano, por ejemplo, sino que halló a toda una generación.

Las futbolistas están ahí también a pesar de que hace unos años la gente iba a verlas jugar para gritarles “machorras” o “marimachas” (como a Sandra Luzardo) y se cuestionaban por qué las niñas del país “no practicaban béisbol, softbol, voleibol, jugaban a las muñecas o por qué no más bien la hacían de modelos si pertenecían a la nación de las misses”, dice de vuelta Luis Vilchez. “Eso te habla del machismo”.

Pero después de las eliminatorias Sudamericanas (en 2013) para el Mundial Sub 17 de Costa Rica, cuando la Vinotinto quedó en cuarto sitio (en 2014), todo cambió. En la siguiente edición de dichas eliminatorias, les tocó ser las anfitrionas y derrotaron a Brasil 1-0 ante más de 40 mil espectadores que acudieron al estadio Metropolitano de Cabudare a verlas jugar.

“Ni la de Messi, ni la de Cristiano, Deyna, queremos tu camisa”, podía leerse en las mantas de los aficionados que se referían a la autora del gol del gane y capitana de la vinotinto, Deyna Castellanos, una historia aparte:

Aún no tenía 15 años cuando se volvió campeona sudamericana en el 2013, se colgó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Nanjing 2014, repitió el título sudamericano en el 2014, aportó para el cuarto lugar de su equipo en el Mundial del 2014 con seis dianas (igual que Gabriela García por lo que compartieron la Bota de Oro) y, a pesar de que el mejor gol del Mundial de Jordania 2016 que metió ante Camerún apenas lo presenciaron unas seis decenas de aficionados en las gradas, dio la vuelta al mundo por las redes sociales. Con el cuarto lugar de nuevo, pero con su nombre e imagen cargando el Balón y la Bota de bronce de una marca deportiva, Deyna llegó aún más lejos en los medios. Su equipo nacional, dicen, ha crecido más rápido que el masculino. Algo similar a lo que sucedió con el conjunto femenil de Estados Unidos hace una década.

Ella y la también delantera Gabriela García, son las dos jugadoras que hoy se salen de las fronteras latinas pues Deyna estudia y juega gracias a una beca para el Santa Clarita Blue Heat en Estados Unidos.

Las de la Vinotinto se han ganado el reconocimiento del pueblo venezolano, acostumbrado a ver beisbol. Cruzar la barrera de cuando jugar era una ‘utopía’, las mantiene como potencia, como el equipo revelación, como un conjunto que ha logrado un hito, al que se le respeta y se le va a ver jugar.

TEXTO PUBLICADO COMO COLABORACIÓN DE OLGA TRUJILLO PARA VICE SPORTS:

LA VINOTINTO FEMENIL Y EL BALÓN EN MEDIO DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA

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