LA ENCRUCIJADA DEL ABORTO COMO FORMA DE DOPAJE

Por Cristina Herrera

Competir en unos Juegos Olímpicos es uno de los sueños de muchos atletas de elite. No era diferente para la velocista estadounidense Sanya Richard-Ross. En los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, la corredora estadounidense, de origen jamaicano, se adjudicó el oro en los relevos de 4×100 y el bronce en los 400 metros para su país.

Pero Richard-Ross escondía un secreto tras su éxito. Apenas dos semanas antes de asistir a la justa veraniega su vida parecía tomar un giro inesperado: la atleta estaba embarazada. En lugar de tener un sentimiento de alegría por la noticia, Sanya se deprimió y sólo tuvo sentimientos de preocupación y ansiedad.

Así, el día antes de que su selección viajara rumbo a Beijing, Richard-Ross optó por el aborto.

“Todo lo que siempre quise parecía estar al alcance”, escribió en su libro Chasing Grace. “La culminación de toda una vida de trabajo estaba justo detrás de mí. En ese momento, parecía que no tenía ninguna otra opción”, destacó la ex atleta.

De acuerdo con algunas investigaciones de la Universidad de Nueva York, un tercio de las mujeres que se han sometido a un aborto han mantenido el secreto incluso con aquellos con los que se suele hablar de sus preocupaciones más íntimas.

Es por ello que dice Sanya que tomó la decisión junto con su esposo, el cornerback de los Giants de Nueva York, Aaron Ross y que no se lo dijo a nadie más… hasta ahora. Richards-Ross fue capaz de canalizar sus emociones – y la mayor parte del dolor físico – para colgarse la medalla de oro en el relevo 4×100 femenil y una de bronce en los 400 metros.

En esta última carrera, Richards-Ross corrió 300 metros antes de que un calambre en su tendón le atacara en los últimos 100. Y aunque el dolor físico la llevó a palidecer, al final logró subir al podio.

Esto parecería ser una anécdota única en el atletismo, de no ser porque en su libro, Sanya asegura que ella no ha sido ni la primera, ni la única atleta que tomó el aborto como una opción para perseguir sus sueños profesionales.

“La mayoría de las mujeres que conocía en mi deporte han tenido al menos un aborto”, apunta.

En realidad, pocas deportistas, quizá ninguna, se han atrevido a tener la honestidad de Richard-Ross. Incluso, en sus memorias, la ex atleta ha descrito ese momento y las consecuencias emocionales que tuvo en su vida.

“Todo el llanto me dejó tan insensible que apenas recuerdo los fríos instrumentos que rozaban mi piel, y el vacío que le siguió a todo eso. Fue un procedimiento rápido, pero se sentía como una eternidad. Tomé una decisión que me rompió, de la cual no me curaría inmediatamente. Ahora será siempre parte de mi vida, una letra roja que pensé que nunca usaría”, escribe.

Sin embargo, Sanya asegura que los abortos son tan frecuentes entre las mujeres atletas, debido a la ansiedad que causa la competición y a una falta de entendimiento sobre cómo el embarazo se relaciona con el deporte de alto rendimiento.

Explica que muchas atletas se niegan a tomar la pastilla anticonceptiva por temor a ganar peso y tienen ideas preconcebidas acerca de cómo sus capacidades físicas se correlacionan con ciclos menstruales más cortos, y que eso conlleva a que haya poca o ninguna posibilidad de un embarazo no deseado.

Pero fuera de ello, hay quienes aseguran que el embarazo tiene beneficios para el rendimiento.

Y es que de acuerdo con la ciencia, en los tres primeros meses de embarazo, las mujeres producen un exceso de glóbulos rojos y hormonas con el fin de desarrollar al feto. Algunos estudios han indicado que los cambios pueden dar a las mujeres una ventaja en el rendimiento deportivo.

De hecho, hace varias décadas, se sospechaba que las atletas del este de Europa se embarazaban de manera deliberada y posteriormente abortaban previo a las grandes competiciones.

En 1988, la Primera Conferencia Mundial contra el Dopaje en el Deporte incluyó el ‘aborto como forma de dopaje’ en su programa y Alexandre de Merode, presidente de la comisión médica del Comité Olímpico Internacional (COI) hasta 2002, afirmó que sabía de un médico suizo que estaba llevando a cabo esos procedimientos.

Previo a los Juegos Olímpicos de 1968 en la Ciudad de México, a dos de las 15 integrantes del equipo de gimnasia olímpica de la URSS, se les pidió quedar embarazadas o serían eliminadas del equipo. Después de 10 semanas de embarazo, se les realizó un aborto. Sin embargo, no hay evidencia real de que esto se ha hecho.

Un reciente artículo en la revista New Scientist se preguntó qué tanto una mujer embarazada podría mejorar su rendimiento, destacando que el volumen de sangre bombeada desde el corazón puede aumentar en un 10 % durante el primer trimestre de gestación.
Del mismo modo, abundan las teorías de que las sobrecargas hormonales de estrógenos y progesterona pueden afectar el metabolismo de las atletas para mejorar su rendimiento.
Sin embargo, seguramente ninguno de estos pensamientos estaba en la mente de Richard-Ross, quien incluso ha reconocido que se siente profundamente arrepentida de la decisión que tomó.
No obstante, su argumento de que el aborto es un lugar común entre sus colegas es lo suficientemente horrible para plantearnos qué tan cierta es la teoría del “Aborto como forma de dopaje”.

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