DIANA TAURASI, LA PROMESA QUE SÍ SE CUMPLIÓ

Por Olga Trujillo

Reviso las noticias deportivas y me entero que Diana Taurasi, de las Mercury Phoenix, se convirtió en la máxima anotadora de la WNBA: 8 mil puntos y es la primera jugadora de la Liga en lograrlo. Vino a mi mente aquel artículo que escribí sobre ella hace 14 años para la revista Puro Basketball. Lo busqué y lo encontré entre mis recuerdos de fetiches. No pude dejar de leer de nuevo la historia completa, sentí como si hubiera encontrado un casete viejo y con una pluma le diera de regreso (millennials, no sé si lo entiendan), pero sobre todo me atrapó recontar la historia en pasado y presente. No era para menos, con este logro, Diana dejó atrás a otra grande de la WNBA, la pionera Tina Thompson –que poseía un marcador de 7,488 puntos tras jugar 17 temporadas en la misma liga–. Los números de Taurasi se fueron a 7,494, pero a diferencia de Tina, solo le bastaron 13 temporadas y en su contrato aún dice “hasta el 2020”.

Así comencé: “Les presento a Diana Taurasi. Tiene 21 años, mide 1.80 cms., pesa 78 kgs. Su tipo de juego es muy versátil… Es bien conocida por la enorme confianza en sí misma, unos la llaman soberbia y otros, arrogancia. Les pido que vayamos más allá, veamos lo que al mundo le cuesta trabajo hacer y no logra entender. Para eso solo necesitamos quitarnos a la persona común que traemos puesta…”.

Diana era un personaje atractivo para retratar y más en el 2003, en la época donde las jugadoras de la WNBA apenas comenzaban a escribir su historia. La de Diana comenzaba en Argentina con su familia: Su padre, Mario (de origen italiano y ex jugador futbol profesional en Argentina) y su madre Liliana (de Argentina) se conocieron en la tierra de Maradona, luego tuvieron a su hermana mayor Jessica. Con el paso del tiempo se mudaron a Chino, California, ahí nació Diana.

Revista Puro Basketball (2003)

“Taurasi y su hermana fueron educadas con tres reglas básicas que sus padres siempre les inculcaron: ‘sean leales, sean felices, lleguen puntuales a cenar’”. En el recuento de la vida de la jugadora que hoy tiene 35 años y que a su vez posee tres medallas de oro olímpicas, es fácil deducir que siguió al pie de la letra dichas reglas y que además su personalidad también traía instrucciones:

“Nuestros padres nos educaron a no ser penosas nunca”, dijo su hermana y “a no convertir los deportes en trabajo”. Ahí estaba… “tal vez también Diana llegó a comprender el mensaje de igual forma que Tom Sawyer ‘trabajo es todo aquello que el hombre está obligado a hacer, y diversión todo lo que hace por gusto’”, reflexioné en aquel amarillento texto.

Diana era muy inquieta “nunca podía quedarse sentada, no podía encontrar un sitio dónde poner toda su energía” aseguró su madre en aquel entonces y por eso la dirigió hacia el basquetbol. De ahí en adelante todo fue en ascenso. Diana consiguió 3 mil 47 puntos en total al término de su preparatoria. A nivel nacional estaba catalogada como la segunda mejor, justo detrás de Cherryl Miller (hermana de Reggie Miller), considerada como la mejor jugadora de todos los tiempos en Estados Unidos.

“Luego vino la Universidad. Connecticut, una escuela de tradición, de renombre…”. El entrenador del equipo femenil de ese entonces Geno Auriema, sí, aquel que este año llevó al mismo equipo femenil a la histórica marca de más 100 victorias consecutivas, dijo en ese entonces: “La gente dice que juega como hombre, así de buena es…”, digamos que los prejuicios salen sobrando. Lo que cuenta más es lo que le siguió a la frase: “Ella juega con mucha pasión, y todo su juego está tan bien pulido desde ahorita que tiene la oportunidad de ser una de las más grandes que jamás hayamos tenido aquí. En basquetbol, ella es el equivalente a cinco atletas”.

Sin embargo, como muchos entrenadores Auriema utilizaba también otras frases como método de enseñanza: “Eres una indisciplinada”. Pero Diana le respondía: “Soy probablemente la jugadora más fácil de entrenar que él haya dirigido, yo intentaré de todo. ¿El entrenador se enoja?, ya se contentará”.

Se dice que al equipo de las Huskies solo llegaban las que en verdad sabían del espíritu del juego. Entre sus compañeras estaban las hoy también legendarias Nykesha Sales, Shea Ralph, Rebecca Lobo, Svetlana Abrosimova, Sue Bird y Swin Cash, entre otras”. Todas habían tenido oportunidad de brillar en el equipo, pero a pesar de ser la novata, Diana no pensaba lo mismo, su irreverencia iba más allá:

“Yo no le temo a nadie. No me da pena nada, ni siquiera mi enorme nariz”.

Al respecto, una ex UCONN, Sea Ralph, mencionó en alguna ocasión: “Ella (Taurasi) no tiene miedo –en relación con la mayoría de las mujeres—muchas de ellas se vencerían a sí mismas. Tienen miedo de tomar el siguiente tiro. Ése es el favorito de Diana”. Y con el paso de los años Diana no solo no defraudó tales palabras, sino que las repitió una y otra vez.

No solo acaba de quedarse con el título de máxima anotadora histórica, sino que además la “Mamba Blanca” –como le dicen– también superó la marca de Tamika Catchings (7, 380 puntos) del Indiana Fever, al comienzo de la liga.

Al término de su estancia en UCONN, Diana, a sus 20 años, ya contaba con tres campeonatos nacionales en su poder y una variedad de honores como el All-American, Mejor Jugadora de Preparatorias del ’01, tercer lugar en la historia de los Huskies como tiradora de tres puntos, su especialidad.

Así llegó a la WNBA, las del Mercury Phoenix la eligieron con la primera selección global. A pesar de que desde su llegada al conjunto se le criticaba que no ganaba campeonatos, Diana calló bocas tras conseguir en el 2007 y el 2009 (cuando fue MVP de la temporada y de las finales) el ansiado triunfo. Taurasi ya también posee la marca de la mejor tiradora de tres con 927 disparos, por lo que los 906 tiros de Katie Smith quedaron en el pasado. El largo palmarés que la incluye en la de mejor atleta del año, campeona de euroligas, miembro de los all star, se le agrega el reconocimiento de una de las mejores 15 jugadoras de todos los tiempos de la WNBA.

El artículo del 2003 lo terminé así: “La frase ‘yo no le temo a nadie’ tiene derechos de autor, pero podrán utilizarla aquellos que necesiten agarrarse de algo para avanzar del primer escalón”. Y con esa me quedo.

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