‘EL DIABLO EN VESTIDO’ QUE DESAFIÓ AL GIRO DE ITALIA

Por Cristina Herrera

El Giro de Italia, con sus más de 3,600 kilómetros de extensión, inicia este viernes para consolidarse como una de las tres grandes carreras del calendario ciclista. La exposición e importancia que ha adquirido esta competencia desde hace muchos años, ha hecho que cada vez más ciclistas tengan como objetivo tener en su currículum su participación en la carrera rosa.

Sin embargo, este no es un evento que esté abierto para todo el mundo, mucho menos para las mujeres, pues, según todas las normas, este evento es una de las exposiciones más duras, difíciles y agotadoras, donde la resistencia y la fuerza son características primordiales de cualquier corredor.

En la historia, sólo existió una mujer que rompió todas las reglas y estándares que hasta entonces se habían plasmado en esta competencia. Su nombre era Alfonsina Strada, también conocida como el “diablo en vestido”, y quien es hasta hoy la única mujer que ha corrido en esta competencia.

Strada nació en el norte de Italia en 1891, en una época en la que la bicicleta representaba para las mujeres una máquina de libertad, un símbolo en su lucha por alcanzar la libertad. Fue su padre, un vendedor de pollo, quien le dio a Alfonsina su primera bicicleta cuando ella tenía sólo 10 años. El amor a su vehículo la hizo aprender sola a andar en él. Para los 13 años, ya estaba ganando carreras tanto contra niñas como contra niños. Entonces, Strada se dio cuenta que pedalear significaba algo más que un hobbie y decidió que quería dedicarse a ello.

Sus logros le llevaron a correr el Giro de Lombardia de 1917 y 1918, aprovechando el vacío legal en el que no se especificaba prohibición alguna para que las mujeres corriesen, además de que también compitió en el Gran Premio de San Petersburgo.

Su talento la llevó a romper el récord de velocidad de las mujeres, un registro que no se pudo romper en 33 años. Y, lo ha hecho todo en una bicicleta de una sola velocidad que pesaba 20 kilogramos, un monstruo comparado con los estándares actuales.
Alfonsina se enamoró y se casó con un hombre que no sólo la apoyó, sino que de regalo de bodas le compró una bicicleta nueva. Fue justamente esa la que usó para participar en el Giro de Italia.
Corría el año 1924, en pleno periodo de entreguerras, y las carreras ciclistas -como el resto de eventos deportivos de la época- encontraban muchas dificultades para completar sus listas de participantes.

El Giro de Italia no fue la excepción y para atraer el interés de los ciclistas fomentó la participación individual ofreciendo a los corredores que se animasen alojamiento y manutención, incluyendo 600 pollos, 720 huevos, 4,800 plátanos, carne, agua mineral y más alimentos para seducirles.

Fue entonces que la italiana se enfundó con el número 72 en el dorsal, y bajo el nombre de un hombre: Alfonsín Strada.

Los organizadores no se dieron de cuenta hasta el día antes del inicio, e incluso gozó de cierto éxito en las primeras etapas manteniéndose lejos de la cola en todo momento, cosa de no era del agrado de la dirección del Giro.

Ese año, significó un recorrido difícil para el Giro, pues ocho de las doce etapas terminó en metas de montaña. Además, los corredores debieron lidiar con el calor, el polvo y la lluvia.

La séptima etapa de la competencia, conformada por 304 kilómetros, estuvo muy accidentada. La lluvia hizo que los caminos se pusieran fangosos y traicioneros. Alfonsina fue una de los muchos corredores que se estrelló ese día, y en el camino se le rompió el manillar. Sin embargo, ella siguió adelante. No obstante, debido a los contratiempos, terminó fuera del límite de tiempo ese día, y por lo tanto fue descalificada por las autoridades.

Aunque Alfonsina soltó en llanto, fue apoyada por muchos admiradores que ya se había ganado para entonces. A pesar de estar descalificada uno de los patrocinadores del Giro le propuso seguirla financiando si seguía con la carrera aunque fuese de forma extraoficial y así lo hizo.

No solo terminó todas las etapas sin apoyo de la organización, sino que lo hizo antes que varios corredores siendo aclamada por el público de Milán, escenario de la última etapa en una entrada mítica. Además, la ciclista se llevó 50,000 liras producto de donaciones de diversos patrocinadores.
Entró así en la historia la que ha sido la primera y única mujer en competir junto a los hombres en una de las tres grandes pruebas mundiales.

Después de ese Giro de 1924, Alfonsina volvió a intentar correr la ‘corsa’ rosa un año tras otro, pero la organización le vetó siempre. La pasión por la bici le acompañó el resto de su vida.

No obstante, Alfonsina abrió una puerta para el ciclismo femenil, aunque no fue sino hasta 1988 cuando se llevó a cabo la primera carrera de mujeres del Giro de Italia llamada el Giro de Italia Internazionale Femminile o el Giro Rosa, que este año celebrará su edición número 27 y se llevará a cabo durante los primeros 10 días de julio.

Sin embargo, la desigualdad de género es especialmente evidente en el ciclismo, pues este deporte para las mujeres sufre de una grave falta de inversión.

No sólo hay muy pocas carreras del calendario profesional femenino, sino que el dinero de los premios queda eclipsada por la de los hombres.

Por ejemplo, mientras que el ganador de la competencia puede llevarse a su casa casi 253,000 euros la ganadora del Giro Rosa – la carrera más importante en el calendario de las mujeres – gana sólo 460 euros.

Esta desigualdad ha llevado a un grupo de mujeres ciclistas al lanzamiento de una campaña para hacer la versión femenil del Tour de Francia. La campaña ‘Le Tour Entier’ espera que el establecimiento de una carrera como la Maglia Rosa va a dar el impulso para la necesaria reestructuración del ciclismo femenil.

La desigualdad de género en el ciclismo se basa en una falta de cobertura de televisión y medios de comunicación. Un estudio reciente encontró que los deportes de las mujeres representan sólo el 5% de toda la cobertura de los deportes, y sólo reciben el 0,5% de todo el patrocinio comercial.

Esta situación crea un círculo vicioso en el que la falta de cobertura conduce a una falta crónica de patrocinadores y de inversión, que a su vez hace que sea más difícil para las mujeres atletas a alcanzar su máximo potencial. Esto reduce la calidad general del deporte femenil y desalienta la participación.
Sin duda, aún hay un camino largo por recorrer en cuanto al ciclismo femenil a nivel mundial.

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