PRIMERAS MEXICANAS INVITADAS A UNOS JUEGOS OLÍMPICOS

Por: Claudia Pedraza

La primera vez que las mujeres mexicanas acudieron a unos Juegos Olímpicos, fracasaron. O al menos, los resultados deportivos dicen eso.

Ocurrió en los Juegos de Los Ángeles 1932. Sus nombres: María Uribe Jasso, lanzadora de jabalina, y Eugenia Escudero, esgrimista. Dos mujeres en una delegación de 75 atletas. Ninguna de las dos superó primera ronda: Uribe Jasso no alcanzó la marca para avanzar, y Eugenia Escudero fue eliminada en su primer combate en el florete. Y ahí, en una primera ronda, terminó la histórica primera intervención de las mexicanas.

Pero ser eliminadas en la primera fase ¿era realmente un fracaso para dos mujeres de la década de los 30?

María Uribe tenía 24 años y Eugenia Escudero contaba con apenas 18 años. Dos deportistas jóvenes…o no tanto, si se considera que en aquellos años, el promedio de vida de las mujeres mexicanas era de 35 años.

¿Qué podían hacer las mujeres en esos 35 años? Quizá contraer matrimonio antes de los 20, tener varios hijos al llegar a los 25 y esperar superar el promedio de edad para verlos crecer. ¿Estudiar? Pocas lo lograban: en un país de 15 millones de habitantes, solo 8 de cada 100 podían acceder a la educación básica. ¿Trabajar? Era una opción poco viable: apenas en ese año, el Código Civil se reformó para que ellas pudieran salir a trabajar…sin permiso del marido.

Boda década de los 30

Boda década de los 30

Con estas limitadas opciones ¿cuáles eran los modelos femeninos que podían encontrar jóvenes como María Uribe y Eugenia Escudero? En la industria del entretenimiento, Greta Garbo dominaba Hollywood con Mata Hari¸ mientras que Lupita Tovar irrumpía en el cine nacional con la primera cinta sonora, Santa.  Por un lado, la historia de una espía seductora; por el otro, la de una joven engañada que termina trabajando en un prostíbulo. En ambos casos, mujeres con un triste destino.

Los teatros de la época se llenaban para escuchar a cantantes como Toña la Negra, con su shows de cabaret o de Lucha Reyes, con sus canciones vernáculas, mientras que voces como las de Edith Piaf dominaban el mercado musical internacional con exitosas grabaciones. Todas ellas, ataviadas con glamorosos vestidos entallados, peinados con melenas rizadas, plumas y estolas.

Así que imaginar a dos mujeres que intentaban salirse de estos moldes resulta complicado. Más si se considera que ambas viajaban con una delegación deportiva repleta de varones. Y peor aún si se toma en cuenta que ni siquiera eran reconocidas como ciudadanas.

En efecto, a pesar de representar al país en una competencia internacional, ni Uribe Jasso ni Escudero contaban con el reconocimiento pleno de su ciudadanía en la constitución. Las mujeres de los años 30 no podían votar. Podían participar como candidatas en elecciones… siempre y cuando supieran leer y escribir. Lo cual, si retomamos el dato de que solo ocho habitantes de cada 100 accedían a la primaria las dejaba con escasas posibilidades.

Lanzadora de jabalina, 1932

Lanzadora de jabalina, 1932

Así que las dos mexicanas, junto con las otras participantes de los Juegos de 1932 eran realmente mujeres excepcionales para su época. En total, a Los Angeles acudieron 126 competidoras en las disciplinas de atletismo, natación y esgrima, que representaban apenas el 9 % de los 1332 participantes. De hecho, México, fue uno de los 17 países que contó con participación femenina, de los 31 que acudieron a la justa.

Tras los Juegos de 1932, pasaron 16 años para que las mexicanas regresaran a las competencias olímpicas: en 1936 ninguna viajó a Berlín, y las ediciones de 1940 y 1944 fueron canceladas a causa de la Segunda Guerra Mundial. Las mexicanas regresaron a la competencia olímpica hasta Londres en 1948, y desde entonces, no han faltado a ninguna edición. Hasta hoy, un total de 357 atletas  nacionales han participado en los Juegos Olímpicos. Muchas de ellas, en condiciones totalmente distintas a las de este par de pioneras: con acceso a la educación, a la salud,  al trabajo, y al sufragio.

Así que es cierto, Eugenia Escudero y María Uribe fueron un fracaso en lo deportivo. Pero ambas regalaron a otras mujeres mexicanas la posibilidad de imaginarse como algo más de lo que estaban destinadas a ser; y sin duda, ese es un triunfo que trasciende cualquier medallero.

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