TERE CAMPOS, CON LOS GUANTES PUESTOS EN SUECIA

Hay veces que el destino llega en forma de papel. A Tere Campos, actual entrenadora de porteras y porteros en el MIAF –un equipo en Suecia–, le sucedió. Parada en una cancha de futbol, un trozo de hoja de periódico llevada por el viento llamó su atención: Escuela Nacional de Directores Técnicos (ENDIT), decía. La levantó, leyó y se dio cuenta que la escuela estaba cerca de su casa: ¿Será para puros hombres? Le preguntó al entrenador con quien trabajaba en ese entonces: “Sí, pero yo que tú le invertía”, le contestó.

La inscripción costaba alrededor de 3 mil pesos y la mensualidad más de mil 600. “Me puse a vender salchipulpos, ropa americana, cosméticos y así me pagué la escuela”, dijo orgullosa la ex portera de la Selección Nacional del ‘99 para Diosas Olímpicas.

Esa no era la primera vez que Tere trabajaba para mantener sus sueños. También lo hizo cuando quiso comprarse sus primeros tenis profesionales de futbol y pagarse sus salidas para poder ir hasta a seis partidos por día con aquel equipo (Orión) donde empezó y –aún recuerda—se volvió una sensación:

“Estudié diseño gráfico, practiqué voleibol y tengo tres hermanos y dos hermanas. El mediano era portero y hoy lo admiro porque era muy bueno. Me gustaba ir a verlo entrenar, ¡cómo volaba!. Un día me dijo el entrenador que si entraba a cubrir a la portera de su equipo porque había faltado y yo no quería, no me gustaba nada el futbol. Las niñas quedaron fascinadas, yo caía mal, pero no dejaba entrar el balón” – dice y sonríe Tere con los destellos de sus ojos puestos en el pasado.

Después de ese día, el entrenador la buscó varias veces hasta que terminó convenciéndola de ser parte del equipo gracias a un jersey del hombre araña que le regaló. Aunque en un principio su madre, como muchas otras, intervino para oponerse diciendo que “¡eso es para hombres!”, la idea de que Tere hiciera deporte la hizo ceder al final.

“Siempre he sido una persona que me gusta destacar en lo que hago” dice Tere ex entrenadora del Centro de Capacitación Distrito Federal (CECAP) y continúa “se fue haciendo padre, me empezó a llamar la atención, mucha gente nos iba a ver jugar, llenábamos la cancha. Éramos muy aferradas. Tenía 18 años. Resulta que ese equipo nunca había ganado nada. Cuando empecé quedamos en tercer lugar y luego en primero”.

El carisma es esa combinación de aroma y magnetismo que quienes lo poseen, se dice que se ‘ganan’ a la gente. Eso hace Tere. Después de un año en ese primer equipo, se volvió popular. “La verdad no sabía jugar, me raspaba los codos, la cara, las rodillas, porque no sabía nada de técnicas, pero aún así a veces me pedían una foto y eso me encantaba; ahí me enamoré del futbol”.

Suecia, uno de los países más ricos del mundo. Foto: Cortesía Tere Campos

Suecia, uno de los países más ricos del mundo. Foto: Cortesía Tere Campos

EL SUEÑO EN LA MONTAÑA

Los sueños se piden al universo para que se cumplan. Hace un año el de Tere era “ser entrenadora de porteras de la Selección Nacional Femenil. Yo siempre he creído que podemos ser campeonas del mundo, hay talento, garra”, dijo contundente, aunque dejó un hilo de aflicción sobre la mesa.

Luego lanzó la petición de nuevo. “El entrenador Leonardo Cuéllar me conoce, fui portera de la Selección Nacional en el ’99, por eso tuve la confianza de hablarle para preguntarle si había contrataciones, pero me dijo que no. Poco tiempo después, en una rueda de prensa, presentó a sus entrenadores de porteros. Obviamente no era yo”.

La entrenadora de porteros, quien ha sido capacitada y aprobada por FIFA, CONCACAF y la misma Federación de Futbol, sabe que el momento es una cuestión de espera. El suyo está cada vez más cerca: “Siempre le he deseado éxito –a Leonardo Cuéllar– le hablo para decirle que todo sea para bien del futbol femenil. Él sabe perfectamente que yo quiero estar ahí. Aunque no se me han abierto las puertas”.

¿Crees que desconfíe porque eres mujer? –se le cuestionó–: “No sé. Quiero preguntarle qué es lo que no le parece de mi. Yo tengo los cursos y me gustaría ir a pararme frente a él para saber qué es lo que pasa. No es lo mismo trabajar con tres o seis porteras a hacerlo con hasta 50 (hombres) porque físicamente las cosas ya no son iguales y es cansado mentalmente. Sin embargo, lo que me hace fuerte que siempre he logrado lo que he querido”, concluyó en esa ocasión y dejó el deseo en el aire.

La vista desde la montaña Dundret. Foto: Cortesía Tere Campos

La vista desde la montaña Dundret. Foto: Cortesía Tere Campos

SUECIA, EN LA CUMBRE

Tere siguió atajando balonazos de la vida con los guantes bien puestos. Y este año la corriente de energía encargada de escuchar las plegarias de gente como la arquera respondió: “Llegué a Suecia el 22 de julio” nos platicó vía Whats App desde uno de los países más seguros del mundo a donde llegó gracias al Facebook pues ahí acepta y ayuda a entrenadores y entrenadoras de porteros y equipos femeniles y sube lo que puede sobre ejercicios, clínicas y ponencias en las que trabaja. “Una mañana me desperté y tenía mensajes pendientes que contestar. Entre ellos estaba uno de Andrés –quien por cierto es colombiano y me contactó por medio de otro profesor–, fue él quien me propuso entrenar a los porteros del primer equipo del club MAIF y en las mañanas a las categorías menores”. La vida da oportunidades y Tere recibió la suya con el corazón hinchado de felicidad.

El trato fue por dos meses, pero ser entrenadora no fue suficiente: debido a que la portera del equipo femenil no se había presentado por dos semanas, Tere no resistió la tentación: “Claro, como buena mexicana entreno como en los tiempos de Selección –se ríe— así que también me puse de portera para sumar al equipo”, cuenta la arquera quien a sus 38 años no quiere soltar los guantes “mi edad no importa, no se fijan, al contrario”, dice orgullosa de vivir la hazaña para ascender al equipo a segunda división.

Suecia tiene su encanto: Es primer mundo. Y mientras la puerta de la Selección Nacional en México sigue cerrada, la portera aprovecha las que sí se abren. “Aquí todas las jugadoras tienen trabajo, viven en muy buenas condiciones” dice Tere quien practica con doce o quince futbolistas aproximadamente y son entrenadas por Pía –con quien coincidió en un curso FIFA–. El viaje, carro, departamento, comida, uniforme y guantes que el MAIF le proporciona sumados a su sueldo, duplican lo que percibía en México, además de que aprende inglés y un poco de sueco.

En el desayuno con las jugadoras del MAIF. Foto: Cortesía Tere Campos

En el desayuno con las jugadoras del MAIF. Foto: Cortesía Tere Campos

“El club se mantiene a sí mismo y recauda fondos mediante la venta de sándwiches, wafles, cafés y refrescos en una cabaña –al pie de la montaña Dundret– con una vista hermosa”, dice Tere a quien le encanta ir de manera voluntaria pues ahí va gente nativa que sube la montaña para disfrutar del paisaje y, de paso, logra ayudar a que las personas que saben un poco de español lo practiquen. La ex entrenadora de la portera Anjuli Ladrón, es imparable.

“Siempre pensé que quería culminar mi carrera en un país que no fuera el mío, ya sabemos por qué nunca podría estar en Selección y ahora compruebo que ni como entrenadora… pero pues la vida me da la oportunidad de cumplir el sueño para entrenar y jugar en Suecia como una real profesional, lo estoy disfrutando al mil por ciento”.

EL JARDÍN ROBADO

El título de Directora Técnica de Tere ha tenido que permanecer la mayor parte del tiempo en la banca. Su oportunidad para dirigir, así como el de las más de treinta mujeres en México que han cursado la carrera en la ENDIT, han sido escasas.

Antes de partir a Suecia entrenaba porteros en la Federación, una contratación que la hacía sentir ‘feliz y afortunada’. Sin embargo, la paga no era suficiente pero una y otra vez el entusiasmo la empujó a dar clases a niños en un lugar peculiar:

“Hice una canchita en el jardín de casa de mi mamá, yo le llamo ‘el jardín robado’; cocí una alfombra con pedazos de donaciones y una red para la portería”. La Federación recomendó los servicios particulares de Tere en varias ocasiones y por consecuencia los papás la empezaron a pedir que fuera a entrenar a sus hijos.

“Me apasiona ayudar a la gente, hay porteritos que no pueden pagar todo y les he cobrado menos. Tuve de 12 años y 13 años, son pocos sobre todo para ponerles mucha atención. En mi trabajo entrené hasta de 20 ó 22 porteros, quienes siempre regresan felices porque en sus escuelas los admiran y me agradecen”.

Tere, quien fue una de las primeras porteras mexicanas entrenadas de manera formal para la Selección Nacional Femenil a finales de los 90, no sólo ha dejado huellas en los porteros de la academia, lo hace dondequiera que llega, como cuando un amigo suyo –Reynaldo Crespo– le ayudó a conseguir un trabajo de esos que le daban oportunidad de seguir estudiando:

“Mi amigo me llevó con Miguel Limón que tenía una escuelita de futbol de Tercera División para pedirle trabajo. Desde que me vio dijo ‘no tengo lugar para que entrene’. Pero mi amigo le rogó ‘ándale pruébala’, yo me levanté al baño y cuando regresé el señor me dijo ‘está bien vente mañana’. Tiempo después me enteré que Reynaldo le había pagado para que me pusiera a prueba 15 días. Ahí entrené porteros, cuando llegué había seis y cuando me fui había 27. Una vez que el dueño me conoció le dijo a mi amigo ‘no te equivocaste’. Luego ya no me dejaba ir”, dice la experta en el arco agradecida porque le daban permiso de irse temprano para llegar a clases y agrega “tenía que trabajar para pagar la escuela, por eso fuimos”.

Lo que vino después fue lo más cercano que ha estado a ser Directora Técnica (de un equipo varonil). Cuando se tituló, el dueño de la escuelita le dijo que tomara un equipo de Tercera División “y lo hice durante dos temporadas, una experiencia padre. Cuando me titulé en el ‘99 era la única mujer que dirigía a nivel profesional en ese momento”, cuenta la ex portera con el rostro lleno de momentos. Pero llegó la llamada de Paola Guzmán, su ex jefa en la Federación Mexicana de Futbol (FMF) “ella decía que yo era un ‘gallo’ por aquello del carácter”, la invitó a entrenar porteros y Tere decidió partir a probar suerte. Hoy el llamado de Andrés la acercó aún más a oler más cerca de sus sueños.

Tere Campos en acción. Foto: Cortesía Tere Campos

Tere Campos en acción. Foto: Cortesía Tere Campos

TODO COMENZÓ…

Al equipo de Orión llegó un día el papá de la también ex futbolista Evelyn López. Ahí vio a Tere y la invitó a jugar con otro conjunto que estaba frente al Estadio Azteca y donde había cuatro o cinco canchas de futbol rápido; el lugar se llamaba Centro Rayo Sur.

“Tardé como año y medio en la banca porque ellas eran muy buenas. La portera titular veía que no me metían y faltaba mucho. Una vez no fue como tres días seguidos y me metieron. Después ella era la de la banca. Terminó por irse. Ese fue mi mejor momento”, dice la ex portera nacional Tere Campos.

Ahí también comenzó su participación con la Selección del país “Enrique Álvarez, quien ya falleció, fue quien inició todo y quien nos llevaba a entrenar. Hizo dos equipos uno A y B, después entramos al CECAP donde trabajé. A veces nos llamaban y a veces no. Éramos preseleccionadas. Después llegó Leonardo Cuéllar en el ‘99. En ese tiempo había salido en el periódico que “no había porteras en México”, por eso fuimos varias a las pruebas -entre ellas a la que mandé a la banca–, pero sólo yo me quedé”, dice Tere y recuerda que a pesar de su esfuerzo nunca pudo viajar con la Selección pues en su lugar eligieron a Pamela Tajonar. El resto es historia.

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